La superación es adictiva

La superación es adictiva

Estoy segura de que muchos padres de todas las latitudes comparten mi aversión por tener que lidiar con las tareas escolares de sus hijos y ayudarlos a prepararse para los exámenes. Intentar calmar la ansiedad de mi hijo adolescente antes de una prueba o conseguir que desayune antes de ir a un examen clave son aspectos de mi labor como madre que estaré más que feliz de dejar atrás.

Después de muchas y arduas sesiones me he dado cuenta de que, más que prepararlos, debo cambiar mi actitud con relación a los exámenes. El problema está en la forma en que interpreto el puntaje o la reprobación. Si mi hijo saca un 60% de aciertos en una prueba, le digo: «Eso significa que entiendes el 60% de lo estudiado. ¿Qué debes concentrarte en aprender ahora?» De un tiempo a esta parte entendemos la nota más como una señal en el mapa —«te encuentras aquí»—, no como algo que determina si el chico ha aprobado o reprobado. Procuramos tener como objetivo el aprendizaje, la superación.

Al concentrarnos en la superación, los errores, las preguntas, el repaso de problemas y hasta las malas calificaciones adquieren un cariz distinto. Superarse es apasionante y gratificador, algo que está a nuestro alcance, que siempre se puede lograr. Aunque mis hijos no dominen la materia, pueden aprender algo más. Así, el progreso se torna en un objetivo para toda la vida. No quiero que el temor al fracaso les impida avanzar. Prefiero que hagan el intento, que fallen, que averigüen cuáles son sus puntos flacos, que los refuercen y que arremetan de nuevo.

Eso me llevó a descubrir muchas cosas sobre mí misma. Fui tomando conciencia de que había llegado a mi techo de crecimiento porque no me atrevía a salir de mi zona de confort. Me aterraba el fracaso. Solo abría la boca cuando estaba 100% segura de estar 100% en lo cierto. Solo hacía cosas en las que sabía que me desempeñaba bien, y en general me limitaba a mí misma.

Reconocer eso me resultó incómodo. Cuando de superarse y mejorar se trata, no basta con conservar lo conseguido: o se avanza o se retrocede. Y ¿a quién le gusta retroceder? ¿Quién quiere saber menos, tener menos salud o ser más pobre hoy que ayer?

Desde que me decidí a superarme y crecer, he descubierto infinitas oportunidades: sesiones de ejercicio más intensas, conversaciones incómodas, nuevas recetas, inversiones más riesgosas, solicitudes de ascenso en el trabajo, cursos de capacitación. Ah, y estacionar el auto marcha atrás. Cada paso de superación que doy me impulsa a dar otros.

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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