Superar nuestras debilidades

Superar nuestras debilidades

Se suele decir que la vida es una escuela, lo que me parece una buena analogía. Dios permite que nos sucedan toda suerte de contratiempos para ponernos a prueba, para ver cómo reaccionaremos, para impartirnos ciertas enseñanzas y para ayudarnos a crecer espiritualmente. Su deseo, por supuesto, en todo ello es que nos apliquemos, que nos tomemos esas enseñanzas a pecho, que les saquemos provecho y desarrollemos al máximo todas nuestras posibilidades. En resumidas cuentas, las pruebas de la vida las concibe Dios para ayudarnos a encarnar las personas que Él sabe que podemos llegar a ser.

Créase o no, una de las cosas de las que se vale Dios para promover nuestro desarrollo son nuestras debilidades. Todo el mundo tiene las suyas. Dios las permite por diversos motivos, basándose en lo que sabe que cada uno necesita y lo que más nos conviene. Entre otras cosas, las flaquezas nos enseñan humildad, paciencia y diversas virtudes. Resaltan la fuerza de la oración, lo cual contribuye a que vivamos más unidos a Dios y a que dependamos más de Él. Asimismo, nos ayudan a entender mejor a los demás, lo que nos pone en mejor situación para tenderles una mano cuando se enfrentan a pruebas o dificultades.

Nuestras debilidades tienen por objeto ayudarnos y nos reportan beneficios cuando las aprovechamos para aprender. El primer paso es reconocer que las tenemos y que constituyen un defecto; el siguiente es decidirse a hacer algo al respecto, a superar esa debilidad con la ayuda de Dios. Una vez que se dan esos dos pasos resulta más fácil reconocer el problema cuando surge, y ahí es cuando se presenta la prueba. ¿Resistimos la tentación o cedemos a ella? Y si nos decidimos a resistir, ¿nos hacemos los fuertes y tratamos de superarla por nuestros propios medios, o pedimos auxilio a Dios?

Lo más indicado, claro está, es decidirse a resistir; y lo más inteligente es pedir ayuda a Dios, pues Él puede hacer lo humanamente imposible. La Biblia contiene numerosas promesas al respecto, entre ellas: «Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible»1, y: «Yo soy el Señor, Dios de todo ser viviente, ¿acaso hay algo que sea difícil para mí?»2. Dios quiere ayudarte a superar tus debilidades, y te ayudará si se lo pides.

Ahora bien, aunque es cierto que te ayudará, no te lo hará demasiado fácil soplándote de antemano las respuestas del examen; si no, dejaría de ser una prueba. Es más, superar debilidades graves o de larga data en muy raros casos se logra aprobando un solo examen. Es más bien como hacer un curso. Un estudiante que ansía dominar cierta materia deberá estudiar arduamente, ejercitarse una y otra vez y en muchos casos someterse a varias pruebas antes del examen final. Pero una vez que pasa el curso, ya no tiene que seguir ejercitándose en las mismas cosas ni dar las mismas pruebas. Tiene aprendidas a la perfección esas lecciones y no necesita examinarse más. Se gradúa de ese año o nivel y pasa al siguiente. Lo mismo sucede en la escuela de la vida.

Una vez que nos hemos aplicado y hemos aprobado determinado curso, Dios no tiene que seguir poniéndonos las mismas pruebas una y otra vez. Puede que de vez en cuando nos ponga de pronto una prueba rápida para refrescarnos la memoria; pero si ya pasamos el curso y retuvimos lo aprendido, esa prueba es mucho más fácil y menos exigente que el primer examen: lo justo y necesario para no anquilosarnos y conservar nuestra destreza.

Cuando ya hemos hecho progresos importantes en cuanto a cierta debilidad, Él puede enseñarnos otras cosas o fortalecernos en otros aspectos. Cuando pasamos de un grado o nivel al siguiente, las tareas de este último suelen ser un poco más difíciles, pero a la vez habremos adquirido nuevas aptitudes para responder a esa nueva exigencia y así seguimos haciendo progresos.

No importa si se trata de una prueba grande o de una pequeña. Lo importante para Dios es que aceptemos de buena gana cada prueba cuando se presenta y que confiemos en que Él sabe por qué dispone que la enfrentemos. Él comprende nuestro corazón. Entiende lo que necesitamos para seguir madurando. Discierne lo que necesita nuestro espíritu y sabe exactamente cómo nutrirlo y fortalecerlo.

Así que la próxima vez que te encuentres lidiando con alguna debilidad, en vez de ceder a ella o quejarte de que la vida es muy dura, tómala como un reto. Decídete a aprender algo de ella. Pronto verás que sacas nota sobresaliente en la escuela de la vida.

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En el colegio te enseñan una lección y luego te hacen una prueba; la vida en cambio te pone una prueba que te enseña una lección. Tom Bodett (n. 1955)

1. Mateo 19:26
2. Jeremías 32:27

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Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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