Todo un año sin ropa

Todo un año sin ropa

Bueno, no exactamente. Déjame que te lo explique.

Al principio del año pasado me hice el propósito de no comprarme ropa ni zapatos en los siguientes 12 meses. Lo hice por varias razones:

No necesitaba ni más zapatos ni más ropa. No soy una compradora compulsiva, y entre que había ido a muchas ventas de objetos usados, había hecho una que otra compra por Internet y tenía muchas amigas con las que intercambiaba prendas, ya tenía de sobra.

Poco antes me había enterado de un movimiento creciente de personas que han decidido tener un máximo de cien objetos1. Hice cálculos grosso modo y decidí que esa cifra no cuadraba conmigo, aunque el concepto en sí me pareció admirable. Además, en ese momento mis ahorros eran inexistentes, y quería que eso cambiara.

Pues resulta que en el curso del año conseguí más ropa y zapatos que en los dos o tres anteriores, sin comprar nada. Todo gracias a una serie de visitas de mi madre, mi hermana y mi cuñada —cada una de las cuales me tenía reservada una pila de ropa— y regalos de mis amigas. Claro que no todas las prendas eran nuevas, pero algunas sí, y en todo caso para mí lo eran. Lo bueno es que hubo variedad en mi guardarropa y en mi zapatero sin gastar ni un centavo.

Esta mañana me desperté pensando en esa decisión, en el año pasado y en lo bien que salió todo. Sospecho que puede tener algo que ver con la ligera sensación de pánico que me asalta últimamente cada vez que me pongo a pensar en mi situación económica. Acabo de mudarme, por lo que muchas cosas han cambiado en mi vida, y ahora mismo me enfrento a algunos … llamémoslos retos. Tengo amplia experiencia en vivir con frugalidad. Me considero una persona disciplinada en lo que a presupuestos y gastos se refiere, y creo que con un poco de cautela me irá bien.

Me imagino que probablemente me vino a la memoria el año que pasé sin ropa porque el Señor quiere recordarme que —como a mí me gusta decir— «las cosas se arreglan». En todo el año, el hecho de gastar menos tiempo y dinero en adquirir cosas no redundó en ninguna carencia. Si en algún futuro cercano o distante tengo que estar un mes o incluso un año privándome de comprar algo en particular, ¿seré capaz de confiar en que Dios me lo proporcionará por algún medio insospechado? Yo creo que sí.

A menudo pienso que no hay muchas señales de las intervenciones o acciones divinas en mi vida. Amo a Dios, pasamos ratos juntos, y sé que Su presencia está siempre conmigo. Pero cada tanto, cuando alguien me pide que le cuente algo increíble o milagroso que haya hecho el Señor por mí, titubeo y no se me ocurre nada que valga la pena mencionar.

Antes me sentía fatal por eso, hasta el día en que acepté que probablemente mi vida no es una de esas en las que Dios se manifiesta con espectacularidad. A fin de cuentas, Él tiene derecho a hacerlo como quiera, y yo no tengo ninguno a exigirle que me trate de determinada manera. Pero claro, luego suceden cositas lindas como las que acabo de contar, y al repasarlas me doy cuenta de que es muy posible que Dios interviniera en el desenlace. Me cuesta creer que a Él le importe tanto como a mí que consiga más zapatos; pero por lo menos se preocupó de enseñarme que, si confío en Él, siempre tendré lo que necesito y a veces incluso lo que deseo, aunque no venga por la vía que yo me había imaginado ni como resultado de los planes que yo con esmero tracé.

En todo ese año sin ropa también me percaté de lo mucho que tenía en múltiples sentidos. Por ejemplo, trabajo, en una época en que muchos estaban cesantes. Jamás me ha faltado una casa en que vivir. Y, contrariamente a lo que puedas haber pensado al leer el título de este artículo, ¡nunca me he visto obligada a andar sin ropa! La vida no me ha tratado nada mal.

En el aspecto práctico, el experimento también me sirvió para no acumular aún más cosas de las que tengo, lo cual me vino bien, ya que con la mudanza de este año tuve que deshacerme de bastantes.

En definitiva, desde entonces me he sentido más rica.

* * *

Creo que Dios está gestionando las cosas y que no necesita de mis consejos. Estando Él a cargo, creo que al final todo resultará bien. Entonces, ¿para qué vamos a preocuparnos?  Henry Ford (1863–1947)

Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover Sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.  Miguel de Cervantes (1547–1616)

1. V. https://kurioso.es/2008/06/15/el-desafio-de-los-100-objetos/

Jessie Richards

Jessie Richards formó parte del equipo de redacción y producción de la revista Activated entre el 2001 y el 2012. Es autora de diversos artículos publicados en la revista y además ha escrito y revisado textos para otras publicaciones y páginas web cristianas.

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