Una obra en curso

Una obra en curso

En cierto sentido, desde la perspectiva divina todos somos una obra en curso. Él ha iniciado varias obras que en un principio están bien o que incluso pueden considerarse perfectas en la etapa en que se encuentran, pero que todavía no están terminadas. Afortunadamente para nosotros, el Maestro nunca deja de labrar Su creación. Nos moldea, nos da forma, nos talla, nos lustra, todo para ayudarnos a progresar y acercarnos a Él.

A continuación, cinco pasos que podemos dar para crecer y madurar en nuestra relación con el Padre celestial:

Invitar a Dios a participar en nuestras decisiones. De niños aprendemos por la instrucción que nos dan nuestros padres. De igual modo, crecemos espiritualmente en la medida en que aprendemos a seguir las instrucciones de nuestro Padre, en que acudimos a Él en oración y nos regimos por los principios espirituales de Su Palabra para tomar decisiones1.

Ejercitar nuestra fe. Así como la experiencia enseña mucho, pues sufrimos las consecuencias de nuestras decisiones erróneas y vemos premiadas las acertadas, nuestro crecimiento espiritual se activa cuando nuestra fe es puesta a prueba y tomamos conciencia de que en ella se encuentra la solución a los problemas de la vida2.

Brindarnos a los demás.Cuando nos olvidamos de nosotros mismos y nos dedicamos a satisfacer las necesidades de los demás y hacerlos felices, actuamos de conductos del amor de Dios para esas personas. Y en la medida en que nos entregamos al prójimo, Dios nos reabastece. «Hay desprendidos que se enriquecen y tacaños que se empobrecen. Quien es generoso prosperará»3.

Reconocer nuestros puntos flacos y esforzarnos por superarlos. Todos tenemos aspectos en que podemos mejorar. «Todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios»4. En términos generales, no nos cuesta aceptar que somos imperfectos. Lo difícil es confesar errores y debilidades concretos. Reconocer nuestras flaquezas nos resulta embarazoso, incluso hacerlo interiormente o a solas con Dios. Mas cuando somos capaces de admitirlas humildemente, se acelera nuestro crecimiento espiritual5.

Aceptar nuevos retos. Por naturaleza, y sobre todo al ir entrando en años, nos resulta fácil convencernos de que somos como somos y de que hay cosas que podemos hacer y cosas que no. Sin embargo, esa actitud atrofia nuestro crecimiento. Cuando nos negamos a considerar nuevos datos, nuevas ideas y nuevas exigencias, dejamos de progresar intelectual y espiritualmente. Al aislarnos de los demás, dejamos de crecer emocionalmente. Solo crecemos en la medida en que seguimos haciendo progresos, y para progresar hay que fijarse nuevos objetivos.

1. V. Santiago 1:5
2. V. Santiago 1:3
3. Proverbios 11:24,25 (BLPH)
4. Romanos 3:23 (NTV)
5. V. Santiago 4:10

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