Éxito

Semillas en tierra fértil

Fred tenía 19 años cuando nuestros caminos se cruzaron. Por aquel tiempo él era un joven desorientado, ambicioso, en busca del sentido de la vida. Se había ido de casa siendo todavía un adolescente, y había intentado de todo para ganarse la vida. Lamentablemente también tomó algunas decisiones desacertadas. Con todo, tenía muchas posibilidades de cambiar, muchas aptitudes y buena disposición para aprender.

Cómo medir el éxito

A mí me cuesta mucho definir el éxito, sobre todo en lo relativo a mi trabajo. Diríase que cualquier actividad a la que dedico más de cuarenta horas todas las semanas debería aportarme alguna medida de éxito tangible. Debería traducirse en un ascenso, tareas estimulantes y un sentimiento de sano orgullo por lo que he logrado. Ahora bien, ¿y si esas cosas no se dan? ¿Qué sucede si uno se siente poco menos que invisible en su trabajo, si no le manifiestan nada de aprecio y mucho menos le dan un ascenso? ¿Significa eso que no ha sido exitoso? Si no se mide el éxito según nuestros logros, ¿cómo se mide?

Un rasgo valiosísimo

He estado viendo el programa de televisión The X Factor, en el que cantantes de todos los Estados Unidos participan en un concurso de talento y el ganador obtiene un contrato de grabación multimillonario. Para quienes no están familiarizados con ese tipo de programas, en cada episodio los jueces deciden quiénes pasarán a la siguiente ronda de la competición, basándose en su talento, por supuesto. Pero resulta que los jueces tienen en cuenta también otra característica: buscan personas serias, firmes en su intención de realizarse como artistas.

¡Nunca jamás te rindas!

A veces la vida se hace cuesta arriba.

Cuando uno se ha esforzado todo lo posible sin lograr dar la talla, sin conseguir hacer realidad sus sueños, y le parece que ya no puede seguir luchando, es normal que le den ganas de tirar la toalla.

Yo creo que todos nos hemos sentido así en algún momento. Tal vez te ha pasado hace poco. Hasta es posible que te sientas así en este instante.

El secreto: Persistir

Debemos perseverar en oración para que [Dios] no permita que nuestro corazón desfallezca. La oración y la perseverancia son necesarias en nuestros conflictos diarios. El mejor remedio para la fatiga es la diligencia en la oración.
Juan Calvino (1509–1564)

En busca del éxito

Aunque el éxito admite diversas definiciones, ¿quién no aspira a alcanzarlo? Y con justa razón. Nuestro deseo de comodidad y seguridad, así como las ansias de satisfacción y de hallarle sentido a la vida, son innatos y universales. ¿Por qué, entonces, muchas personas se conforman con tan poco? ¿Por qué no persiguen sus sueños con más ahínco? Si bien los motivos son muchos, el siguiente pasaje de un artículo que leí recientemente expone uno de los más corrientes:

Salir de deudas y enriquecerse

La lectura de blogs de personas que tienen que lidiar con deudas refuerza mi determinación de reducir las nuestras. Cuando ojeo artículos sobre casos similares a nuestro proceso de salir de deudas, suelo descartar los que tienen que ver con inversiones y ahorro. Hay ciertas coincidencias entre los textos sobre reducir las deudas y los que hablan de aumentar el patrimonio. Aunque estoy 100% de acuerdo con lo primero, me cuesta aceptar el concepto de acumular riqueza. Reducir nuestras deudas es, para mí, sinónimo de actuar responsablemente, disciplinarnos y sanear nuestra economía. En cambio, siempre he relacionado el enriquecimiento exclusivamente con la codicia y el egoísmo.

Manejo del dinero

Un pastor dijo en cierta ocasión: «Conducirse bien en el terreno económico no es complicado; tal vez sea difícil, pero no complicado». Es difícil porque no solo consiste en aprender estrategias y técnicas de administración económica; también hay componentes espirituales. Es importante, pues, tener una sana visión del dinero y utilizarlo correctamente, para la gloria de Dios.

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