Avanza y triunfarás

Avanza y triunfarás

Muchas de las promesas de Dios son condicionales y requieren una acción inicial por parte nuestra. Apenas empezamos a obedecer, Él empieza a bendecirnos. A Abraham se le prometieron grandes cosas; pero no habría obtenido ninguna si se hubiera quedado esperando en Caldea. Tuvo que dejar atrás su hogar, sus amigos y su país, recorrer sendas desconocidas y avanzar con determinación y obediencia para llegar a recibir lo prometido. Jesús encargó a diez leprosos que deseaban curarse que se presentasen al sacerdote, y «mientras iban fueron sanados». De haber ellos esperado a constatar la curación de su cuerpo ante de ponerse en camino, no habría pasado nada. Dios estaba esperando para sanarlos, y en el instante en que pusieron su fe en acción, les llegó la bendición.

Cuando los israelitas se vieron atrapados a orillas del mar Rojo por el ejército del faraón que los perseguía, se les dio la orden de avanzar. En ese momento ya no era su deber seguir esperando de rodillas, sino ponerse de pie y avanzar con fe heroica. Años más tarde, nuevamente se les pidió a los israelitas que manifestaran su fe emprendiendo la marcha a través del río Jordán en su época de mayor caudal. Tenían en sus manos la llave que les abriría las puertas de la Tierra Prometida; empero, esas enormes puertas no empezarían a girar sobre sus quicios hasta que ellos se acercasen a abrirlas. La fe era la llave.

Estamos destinados a librar ciertas batallas, y damos por imposible nuestra victoria y la derrota de nuestros enemigos. Así y todo, al entrar en la refriega Alguien viene a luchar a nuestro lado. Por medio de Él somos «más que vencedores». De haber esperado con temor y temblor a que llegara nuestro Ayudador antes de lanzarnos a la batalla, habríamos esperado en vano. Dios se dispone a derramar sobre ti Sus más excelsas bendiciones. Atrévete a avanzar con confianza y denuedo, y reclama lo que te corresponde. «He comenzado a entregarte lo que te prometí. Ahora comienza tú a conquistarlo y tomar posesión de ello».
J. R. Miller (1840–1912)

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Un poco más de persistencia, un poco más de esfuerzo, y lo que parecía un fracaso irremediable puede convertirse en un éxito glorioso. 
Elbert Hubbard (1856–1915)

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La fe que avanza, triunfa. 
Anónimo

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No postergues para mañana lo que se debe hacer hoy, pues quién sabe en qué condición estarás mañana. La rosaleda que hoy está florida, mañana, cuando pretendas arrancar una rosa, quizá no te ofrezca ninguna. 
Ferdousí (940–1020)

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