Cubrir una necesidad

Cubrir una necesidad

Ted y Dorothy eran una joven pareja que compró Wall Drug, una farmacia en la región occidental de los Estados Unidos, allá por 1931. En aquellos días una farmacia (drugstore) era más bien una tienda de multiservicio que vendía una amplia variedad de productos y bebidas. De ahí que como negocio era prometedor. Desafortunadamente aquel pueblito apenas tenía 326 habitantes, todos ellos pobres. La economía no andaba bien y la joven pareja apenas ganaba lo suficiente para mantenerse a flote. Sin embargo, consideraban que tenían un llamado: cultivaban amistades, prestaban asistencia médica y a su parecer, se iban incorporando a la vida comunitaria.

Decidieron darle cinco años; si para entonces el negocio no tenía éxito intentarían otra cosa. Hasta que una tarde, cerca del final de aquel plazo de cinco años que se habían fijado, Dorothy trataba de poner a su hija a dormir la siesta, lo que resultaba imposible con todo el ruido del tráfico que pasaba. En ese momento se le ocurrió una idea: ¿Qué necesitan esos viajeros? Deben de tener calor y sed. ¿Por qué no ponemos unos letreros que ofrezcan agua helada gratis?

Le dieron curso a la idea y vaya sorpresa: ¡dio resultado! La gente venía por el agua helada, pero de paso compraba lo que necesitaba para aprovechar la parada. Ted comentó:

—Desde entonces nunca nos faltaron clientes. El verano siguiente tuvimos que contratar a ocho chicas para ayudarnos. Unos años más tarde hasta 20.000 clientes nos visitaban en un caluroso día de verano.

Desde sus humildes orígenes el negocio creció hasta convertirse en una atracción turística, con hotel incluido, capilla para viajeros, galería de arte, presentaciones en vivo, un dinosaurio de 24 metros y mucho más. En años recientes Wall Drug generó más de $10 millones y atrajo a unos dos millones de turistas a un pueblo aislado cuya población nunca superó los 800 habitantes.

El gobernador del estado comentó lo siguiente sobre el éxito de Ted:

—Es un tipo que se dio cuenta de que ofrecer agua helada en medio de un lugar apartado y semidesértico puede traducirse en un éxito fenomenal.

El hijo de ellos tomó las riendas del negocio y a lo largo de los años ha tenido muchas vicisitudes, que enfrentó una por una con la misma inventiva y hospitalidad que les valió el éxito inicialmente.

Y sí. Todavía ofrecen agua helada gratis, porque la gente que pasa por allí todavía tiene sed.

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Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es guionista y mimo. Dedicó 47 años de su vida a actividades misioneras en 10 países. Él y su esposa Pauline viven actualmente en Alemania.

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