Desarrolla toda tu capacidad

Desarrolla toda tu capacidad

Todos somos distintos. Cada persona es única. Cada una posee diferentes dones y vocaciones. Dios sabía lo que hacía cuando te hizo tal como eres. Él quiere valerse de las aptitudes con que te ha dotado y ayudarte a cultivarlas para que puedas desarrollarte y sacar el máximo partido de tu situación.

Dios quiere que desarrolles toda la capacidad con la que Él te creo. Quiere que te esfuerces por alcanzar el máximo de tus posibilidades a despecho de cuál sea tu vocación en la vida o la situación o terreno en que te desenvuelves. Es decir, quiere que tomes tus dones, habilidades y experiencias particulares y que las aproveches lo mejor que puedas; que no te contentes con resultados a mediocres o limitados, sino que aspires a hacer lo máximo y lo mejor que puedas en cualquier tarea que te toque hacer.1

¿Por qué no dedicar tus mejores esfuerzos a la labor que realizas, sea cual sea? Los logros colosales suelen ser consecuencia de cientos y hasta miles de pequeños sacrificios y decisiones acertadas, acompañados de un nutrido trabajo arduo. En la vida, todo lo que vale cuesta, y a menudo ese costo se traduce en mucho trabajo laborioso, día tras día, haga buen tiempo o no, independientemente de cómo se sienta uno.

Toda persona destacada que haya conseguido logros importantes lo hizo a base de años de arduo trabajo, sacrificios, visión, determinación y constancia. Si estamos dispuestos a asimilar esta realidad habremos dado con ese factor clave, cual es poner todo de nuestra parte en la situación en que nos encontremos. Habremos aprendido así el valor de sacar el máximo partido de nuestras circunstancias, ponernos a la altura de las mismas, ser fieles en el terruño en que Dios nos puso y esmerarnos por alcanzar nuestra cima personal, por la gracia de Dios.

John C. Maxwell lo expresó con acierto en su libro Desarrolle el líder que está en usted.

Nadie —decían los expertos— llegaría a correr una milla en menos de cuatro minutos. Entonces, en 1954, un joven estudiante de medicina llamado Roger Bannister hizo lo imposible al romper esa barrera. Hoy día todo corredor de talla mundial es capaz de correr una milla en menos de cuatro minutos. ¿Por qué? Porque un hombre decidió seguir mejorando. Un hombre decidió pagar el precio que implica superarse. Estuvo dispuesto a abrir camino. En consecuencia, creó las condiciones propicias para los emprendedores que lo siguieron.

Superar obstáculos

Tal vez estás desanimado o las cosas no te están resultando como esperabas. He aquí otro caso de una persona que aprovechó los grandes obstáculos y dificultades con que se topó y se sirvió de ellos para alcanzar el éxito.

En 1938, cuando estaba estudiando, el señor Honda tomó todo lo que tenía y se puso a trabajar en un anillo especial de pistón que pudiera venderle a Toyota.

Trabajó en ello día y noche. A menudo dormía en su taller. Hasta empeñó las joyas de su esposa para mantener su compañía a flote.

Cuando por fin logró desarrollar el anillo de pistón, se lo presentó a Toyota, que le dijo que no cumplía con sus criterios. Volvió a la universidad y se dedicó otros dos años a estudiar para mejorar el diseño. Después de eso Toyota firmó un contrato con él.

Estalló entonces la Segunda Guerra Mundial, y no conseguía suficiente hormigón para construir su fábrica y producir en masa la pieza que acababa de diseñar. Juntamente con su equipo de trabajo, inventó un nuevo tipo de hormigón para construir la fábrica.

La fábrica de Honda fue bombardeada dos veces, y tuvo que reconstruirla. Cuando cayeron las bombas, recogió con su equipo los proyectiles vacíos y los llamó «regalos del presidente Truman», ya que le proporcionaron la materia prima que necesitaba para el proceso de manufactura.

Finalmente, la fábrica fue arrasada por un terremoto, y tuvo que venderle a Toyota su empresa de producción de pistones.

Después de la guerra, Japón sufrió una tremenda escasez de gasolina, y el señor Honda ni siquiera podía utilizar su auto para ir a buscar comida para su familia. Le adaptó entonces un motorcito a su bicicleta para poder desplazarse.

Muchas personas le pidieron que les hiciera también a ellas una bicicleta motorizada, tantas que se le ocurrió montar una fábrica para producirlas. Pero no tenía capital. Así que escribió a las 18.000 tiendas de bicicletas del Japón una carta personal en la que les presentaba su invento, y convenció a 5.000 para que le facilitaran el capital que necesitaba para construir su fábrica.

En cierta ocasión el señor Honda dijo: «Muchos sueñan con alcanzar el éxito. Yo creo que este solo se logra a base de fracasos reiterados y mucho autoanálisis. El éxito no representa sino el uno por ciento del trabajo; el resto consiste en la audaz superación de obstáculos».2

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Todo lo que hagan, háganlo de corazón. Colosenses 3:23 (RVC)

Este artículo es una adaptación de la serie Roadmap sobre liderazgo cristiano.

1. V. Eclesiastés 9:10
2. La historia íntegra del señor Honda puede leerse en el siguiente vínculo.

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