El hombre y la montaña

El hombre y la montaña

Poco es lo que te queda de vida. Vive como en un monte.
Marco Aurelio (121–180, Meditaciones)

Las montañas siempre van a estar allí; la cosa es asegurarnos de que estemos nosotros también allí.
Hervey Voge, montañista del siglo xx

No se puede permanecer en la cima para siempre; en algún momento hay que descender. ¿Para qué molestarse, entonces? Por una razón: si bien el que está arriba conoce lo que hay abajo, el que está abajo no conoce lo que hay arriba. Uno sube y uno descubre. Uno baja y ya no ve, pero ha visto. Existe el arte de conducirse en las regiones bajas orientándose por el recuerdo de lo que uno vio más arriba. Cuando ya no se puede ver, al menos todavía se sabe.
René Daumal (1908–1944), escritor, filósofo y poeta francés

Si bien la conquista de una cumbre brinda momentos de gran exultación y felicidad —con los que nada se equipara en la monótona y materialista existencia de estos tiempos modernos—, también entraña grandes peligros. Aunque el objetivo del alpinismo no es ir en pos del peligro, esa es una de las pruebas a las que debemos someternos para hacernos acreedores a la dicha de elevarnos durante un instante por encima del estado de larvas rastreras. En esta altiva y hermosa montaña hemos vivido horas de nobleza fraternal, cálida y edificante. Durante unos días hemos dejado de ser esclavos para convertirnos en verdaderos hombres. Es difícil volver a la servidumbre.
Lionel Terray (1921–1965), montañista francés

Una extraña sensación compartiremos al caminar por esta montaña. Al poco andar supe que más allá de las palabras estábamos en un lugar de poder, que caminábamos por suelo sagrado, más allá de la sugestión, de la historia misma. Como un estremecimiento. Entonces me di cuenta que más allá del mito, de la leyenda, que la Biblia es historia real. Como el suelo rocoso que pisamos.
Mauricio Purto, andinista chileno, luego de su expedición al monte Sinaí

En la montaña la gente se vuelve mejor. Está más cerca de Dios y del paraíso.
Ulrich Inderbinen, guía de montaña suizo, a los 103 años

Para subir a una montaña hay que estar convencido de que en verdad vale la pena arriesgar la vida en el intento. Cualquier montaña... la montaña de esta vida, la montaña del triunfo, las montañas de los obstáculos y las dificultades. Tiene que valer la pena arrostrar el viento, el frío y las tormentas, que representan la adversidad. Pero a solas en la cumbre uno se siente muy cerca del Señor. Allí, la voz de Su Espíritu se oye tan fuerte que casi resulta atronadora. Uno se siente verdaderamente transportado. Es estremecedor.
David Brandt Berg (1919–1994), fundador de La Familia Internacional 

Etiquetado como
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.