Enfocado en el objetivo

Enfocado en el objetivo

Una cosa es soñar con alcanzar una meta o lograr algo. Ese es un primer paso importante. Para algunos puede ser emprender una nueva actividad. Para otros, adquirir una habilidad. Para otros más puede implicar un cambio de hábitos o de estilo de vida. Cualquiera que sea el caso, para cristalizar nuestros sueños hace falta esfuerzo, perseverancia y, en muchas ocasiones, sacrificios. Una vez que tomamos conciencia de eso, todo depende de lo resueltos que estemos a alcanzar esa preciada meta, cualquiera que sea, y de cuánto estemos dispuestos a esforzarnos por ver cumplidas nuestras aspiraciones. Ahí es cuando entra a tallar la motivación.

Mi madre se empeñó mucho en enseñarme a leer braille a pesar de mi falta inicial de motivación y deseo; eso hasta que me enteré de que otros niños ciegos de mi edad que se habían propuesto aprenderlo ya eran capaces de leer por su cuenta sus libros y cuentos preferidos. A partir de ese momento me apliqué diligentemente al aprendizaje del braille, lo que me tomó algo más de tres meses. No obstante, como estaba tan centrado en mi objetivo, esos tres meses me parecieron apenas semanas. Una vez que aprendí a leer braille, aprender a escribirlo fue más rápido aún.

Cuando tenía unos seis años y escuchaba a mis dos hermanos mayores tocar la guitarra, me ilusionaba con poder hacerlo yo también algún día. Pero cuando uno de ellos me puso una en las manos y trató de darme la primera lección, me exasperé y me di por vencido. No solo me dolían las yemas de presionar las cuerdas, sino que me parecía imposible recordar tantas posiciones de los dedos para formar todos los acordes.

No fue sino cuando cumplí 12 años que me decidí firmemente a aprender a tocar la guitarra, por mucho que me costara en un principio. Prestaba mucha atención a lo que me enseñaban y practicaba lo que aprendía. Huelga decir que tuve mis momentos de impotencia y decepción. Además, de vez en cuando me cansaba de hacer tanto esfuerzo. Pero no dejaba de pensar en el objetivo que quería alcanzar. Eso me incentivaba y me inspiraba. Al cabo de poco más de un año ya tocaba música con mis hermanos. Hoy sigo aprendiendo cosas nuevas en la guitarra y, en retrospectiva, me alegro mucho de que cuando tenía 12 años me fijara esa meta y me esmerara por alcanzarla.

Me dirás que eso está muy bien, pero que hay objetivos en los que el esfuerzo que uno hace se disfruta más. Eso es muy cierto. En mi caso, aprender a tocar instrumentos musicales fue mucho más placentero que tratar de bajar de peso.

Cuando tenía 20 años mi madre murió de cáncer. Mi recurso para paliar el dolor fue comer en exceso y hacer poco o casi nada de ejercicio. Me justifiqué aduciendo estrés emocional. Pero gradualmente fui engordando. Mi médico de cabecera me dijo que, aunque no era obeso, corría el riesgo de llegar a serlo pronto a menos que dejara de comer tanto e hiciera más actividad física.

Inicialmente seguir las instrucciones del médico fue una píldora amarga. Pero me puse a pensar en mi futuro y tomé conciencia de que conocía —al menos de oídas— los efectos de la obesidad en la salud, y no quería pasar por eso. También sabía que si seguía las recomendaciones del médico, podía evitarme tener que hacer cambios bien rigurosos en mi dieta más adelante.

Me propuse comer menos y hacer más ejercicio. Al cabo de más o menos un mes, no solo había logrado bajar de peso y situarme en un nivel más saludable, sino que además mi estado emocional había experimentado una mejora sustancial. Hoy disfruto del ejercicio y ya no tengo que estar pendiente de mi peso.

Poner la mira en el objetivo y visualizarme habiéndolo ya alcanzado es una excelente forma de mantenerme motivado. En Hebreos 12:1,2 el apóstol Pablo nos exhorta a aprender de Jesús: «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios».

Jesús mantuvo los ojos fijos en el objetivo —cumplir Su misión en la Tierra— y no dejó que todos los malos tratos de los que fue objeto —incluida la muerte misma— lo desviaran de ese rumbo. Gracias a eso hoy tenemos salvación y vida eterna en Él.

¿Cuál es, entonces, la clave para alcanzar los objetivos que uno se propone? En mi opinión, es mirar más allá del tedio, del trabajo y de los sacrificios y concentrarse en cruzar la línea de llegada.

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No nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos.  Gálatas 6:9 (NTV)

Steve Hearts

Steve Hearts es ciego de nacimiento. Es escritor y músico y vive en Norteamérica. 

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