Manejo del dinero

Manejo del dinero

Un pastor dijo en cierta ocasión: «Conducirse bien en el terreno económico no es complicado; tal vez sea difícil, pero no complicado». Es difícil porque no solo consiste en aprender estrategias y técnicas de administración económica; también hay componentes espirituales. Es importante, pues, tener una sana visión del dinero y utilizarlo correctamente, para la gloria de Dios.

Con frecuencia se ha malinterpretado ese versículo de la Biblia que reza: «El amor al dinero es la raíz de toda clase de males»1. Se ha llegado a inferir que el dinero es la raíz de todos los males. Sin embargo, es el amor al dinero lo que causa todo tipo de males. En efecto, es peligroso atribuirle excesiva importancia o basar en él nuestra sensación de seguridad. Como muchos han descubierto por experiencia, la seguridad económica puede ser efímera; solo en el Señor hay seguridad perdurable.

De todos modos, necesitamos dinero para vivir, mantener a nuestra familia y servir a la colectividad. De ahí que el tema del dinero nos afecte mucho a todos en lo cotidiano.

La mayoría de los expertos en la materia concuerdan en un puñado de prácticas que son clave para el buen manejo del dinero. Si buscas una fórmula para administrar sabiamente tus recursos económicos, te recomiendo, como punto de partida, las cinco normas que expondré a continuación.

Cuando surge el tema del dinero y oyes términos como estabilidad económica o ahorros, quizá gimes por dentro, sobre todo si te sientes abrumado e incapaz de mejorar tu situación económica. Tal vez estás en aprietos o arrastras deudas. Quizás en las circunstancias actuales no ves cómo vas a conseguir ahorrar algún día, o por lo menos no al ritmo que quisieras. Antes de proseguir, quiero animarte con dos pensamientos estimulantes.

El primero es: Con la ayuda de Dios, no hay nada imposible.

Y el segundo: Todo objetivo que Dios nos ponga es alcanzable… pasito a pasito.

De modo que si te falta mucho para alcanzar tus metas económicas, si tienes que lidiar con deudas, si te sientes desanimado, angustiado o hasta desesperado por tu falta de recursos, recuerda que el poder de Dios puede hacer posible lo que das por imposible, incluso en lo tocante a tu situación pecuniaria.

A través de ese prisma, examinemos ahora cinco principios prácticos fundamentales para manejar responsablemente tu economía.

Número 1: Elaborar un presupuesto y ajustarse a él.

En lo que respecta a la administración del dinero, es indispensable elaborar un presupuesto y ajustarse a él. La segunda parte es la más difícil, pero es esencial para lograr un equilibrio y avanzar en el terreno económico.

El presupuesto es un plan de gastos. Como dice Dave Ramsey: «Ceñirse a un presupuesto es decirle al dinero a dónde debe ir en vez de preguntarse a dónde fue». Lo que se pretende evitar es que al repasar las cuentas del último mes te quedes desconcertado y te preguntes: ¿En qué se fue el dinero?

1 Corintios 4:2 dice: «Lo que se requiere de los administradores es que cada uno sea hallado fiel»2. Siendo nosotros administradores del dinero que Dios nos ha confiado —sea mucho o poco— es fundamental que tengamos un plan de gastos y de ahorro. Para eso sirve el presupuesto.

La vida está llena de gastos, pero la mayoría son desembolsos fijos previsibles, semanales, mensuales, trimestrales o anuales. En el presupuesto debe incluirse todo gasto fijo o semifijo. Por supuesto que a veces surgen situaciones de verdadera urgencia que nos obligan a gastar más de lo que hemos presupuestado. Hablaremos más de eso en el punto cuatro.

Seguidamente, algunas recomendaciones para elaborar un presupuesto:

Calcula tus ingresos reales e inclúyelos en el presupuesto. Trabaja con los ingresos fijos con los que puedes contar. No incluyas como ingresos fijos los donativos ocasionales ni las bonificaciones o aguinaldos de fin de año. Prepara el presupuesto comenzando por los gastos básicos de subsistencia y otros pagos ineludibles; el dinero restante será para saldar deudas y ahorrar para emergencias y necesidades de largo plazo.
Sé realista al hacer el cómputo de tus gastos. De nada sirve recortar los gastos legítimos que en realidad no pueden reducirse. Si asignas muy poco dinero para comida o gasolina porque esperas ahorrar o porque te gustaría gastar menos en eso, pero tus estimaciones no se condicen con la realidad, terminarás gastando más de lo que tienes presupuestado. Eso crea presiones y va en contra del propósito por el que se elabora un presupuesto.
Haz los ajustes que sean precisos. Analiza mensualmente tu presupuesto para que no quede desfasado y evalúa los cambios y ajustes que haya que hacerle.
Lleva tu contabilidad de una manera que te resulte práctica. El método que te resulte más práctico es el idóneo para ti, ya se trate de usar una planilla de cálculo, de guardar el dinero en sobres separados o de anotarlo todo en una libreta que siempre tengas a mano.

Número 2: Gastar menos de lo que se gana.

El truco para no endeudarse y más bien ahorrar es bastante sencillo: no gastar más de lo que se gana. Es la regla económica fundamental, la única manera de contar con suficientes recursos para los gastos y además conseguir ahorrar.

Cuando una persona aspira a vivir con arreglo a sus posibilidades, puede toparse con muchos obstáculos. Ten presentes las siguientes recomendaciones:

Economiza. Los sacrificios que hagas hoy pueden redundar en beneficios más adelante.
Aprende a distinguir entre lo que son lujos y lo que es necesario. No confundas necesidades con deseos. Las personas que más logran ahorrar limitan las compras que son solo para darse un gusto. Prefieren ahorrar con miras a labrarse una estabilidad económica en vez de gastar en gustos del momento, cosas superfluas y lujos.
Estudia tus hábitos y rutinas. Muchas personas tienen al menos un hábito costoso. Puede ser un latte o un capuchino que se toman todos los días, el ansia de comprarse zapatos nuevos o la costumbre de salir a cenar. Analiza todas tus costumbres y rutinas para ver qué puedes recortar, a fin de no gastar más de lo que tienes e incluso disponer de algo de dinero para ahorrar.
Evita las compras impulsivas. Cuando surja la idea de adquirir algo no previsto, date unos días para pensar si de verdad lo necesitas. Un buen amigo mío sigue lo que llama la regla de los tres días. Para toda compra importante espera tres días antes de tomar una decisión, suficientes para que decaiga su entusiasmo e intervenga la razón, con lo que se asegura de que esa compra sea la mejor opción.
Encuentra alegría y satisfacción en tu relación con Dios y con los demás, más que en las cosas materiales. Es humano desear la última maravilla que ha salido al mercado; pero como bien cantaban los Beatles, Money can’t buy me love (el dinero no puede comprarme amor). Tampoco compra salud, paz interior, amistad ni satisfacción.
Paga en efectivo o con tarjeta de débito. Las investigaciones han demostrado que la gente es más propensa a gastar cuando compra con tarjeta de crédito; en cambio, uno se lo piensa dos veces antes de entregar un billete. Por eso, si quieres controlar más tus gastos, considera la posibilidad de pagar en efectivo.
Visualízate alcanzando tus objetivos. Si estás procurando juntar un fondo para imprevistos, guardar dinero para una necesidad concreta o incluso ahorrar para darte un gusto fuera de lo común, cada vez que te venga la idea de hacer una compra o tomar una decisión que signifique un gasto de dinero, piensa en la meta económica que te has propuesto. Si la compra en cuestión no te va a acercar a tu objetivo, pregúntate si puedes prescindir de ella.
Disfruta de lo sencillo y gratuito. En la vida hay muchísimas cosas con las que deleitarse que no cuestan plata. Explora y disfruta lo sencillo, y verás lo notables y enriquecedoras que pueden ser ciertas actividades y experiencias compartidas que literalmente no tienen precio.

Número 3: Evitar (o saldar) las deudas.

La mejor fórmula para no endeudarte es vivir con arreglo a tus recursos. De todos modos, si ya tienes deudas, no te desesperes. Por muy difícil que sea tu situación actual, por mucho tiempo que tome, confía en que Dios es capaz de ayudarte a salir de deudas.

Para saldar tus deudas, sean grandes o pequeñas, necesitas un plan, un compromiso personal y hacer algunos sacrificios. Según a cuánto asciendan, es posible que tengas que abordarlas con mucha resolución. Si tu meta es ahorrar dinero para el futuro, estar libre de deudas cobra inmensa importancia, ya que muchas deudas están sujetas a altas tasas de interés. Te resultará muy difícil, por no decir imposible, consolidar tu situación económica y ahorrar dinero si tienes deudas pendientes. Eso sin hablar del alivio y la libertad que sentirás cuando te desembaraces de ellas.

Número 4: Ahorrar. Reunir un fondo para emergencias.

Proverbios 13:11 dice: «Quien ahorra, poco a poco se enriquece»3.

El ahorro es importante. Aunque tengas un presupuesto bien elaborado y vivas de acuerdo con tus posibilidades, existen razones de peso para ahorrar. Habrás observado que en este versículo de Proverbios sobre el ahorro dice «poco a poco». Cualquier cantidad que ahorres es valiosa. Merece la pena comenzar a ahorrar a la primera oportunidad.

En lo tocante al ahorro, es recomendable crear un fondo para emergencias. Todo el mundo sufre imprevistos. No hay forma de saber cuando se verá uno golpeado por alguno.

Los expertos recomiendan juntar un fondo para emergencias que sea suficiente para cubrir de tres a seis meses de gastos de subsistencia. No es preciso que alcance para cubrir el presupuesto normal por un período de tres a seis meses, sino lo mínimo para arreglárselas sin contraer deudas.

Para comenzar a reunirlo, puedes añadir a tu presupuesto mensual un ítem denominado fondo para emergencias. Aunque no logres separar más que una pequeña cantidad cada mes, gradualmente irá creciendo. Recuerda la táctica del «poco a poco» expresada en el versículo de Proverbios.

No debe emplearse para nada que no sea una auténtica urgencia. Es para gastos inesperados e inevitables. Te interesa contar con ese dinero el día en que realmente sobrevenga algo grave y te haga falta. Para eso es.

Número 5: Practicar la generosidad.

Practicar la generosidad con Dios y con el prójimo contribuye a que disfrutemos de una vida económicamente sana y contemos con el favor de Dios. Si ahora mismo estás en aprietos o intentando ahorrar para comprar un auto o una casa, juntar un fondo de jubilación o lo que sea, te puede parecer contraproducente donar parte de tus ingresos a la obra de Dios o a los necesitados. Es natural que pienses: «¡Ese dinero me hace falta! No puedo permitirme dar una parte».

Reproduzco a continuación unos pasajes de la Escritura que subrayan la importancia de la generosidad:

Hay gente desprendida que recibe más de lo que da, y gente tacaña que acaba en la pobreza. Proverbios 11:24 (DHH)
El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. 2 Corintios 9:6 (NVI)
Dad, y se os dará; […] porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. Lucas 6:38

Los cristianos tenemos el deber de emplear nuestros recursos económicos siguiendo criterios que glorifiquen a Dios. Contribuir a la obra de Dios y ayudar a los demás no es una estrategia para enriquecerse rápidamente. Es un compromiso personal que asumimos con Dios y que atrae Sus bendiciones, las cuales suelen llegarnos paulatina, pero incuestionablemente.

La mayoría hemos pasado —o pasaremos— por períodos de carencia económica. Los cristianos contamos con el privilegio de poder presentarle a nuestro Padre celestial nuestras necesidades, inquietudes y preocupaciones. Él quiere que nos apoyemos en Él en todo aspecto de nuestra vida, incluido el económico. Por otra parte, tenemos que hacer lo que está a nuestro alcance, administrar con prudencia y precaución nuestro dinero y presentarle en oración nuestras necesidades. Sabemos que somos Sus hijos y que Él nos ama, vela por nosotros y ha prometido darnos lo que necesitemos. «Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y Él les dará todo lo que necesiten»4.

1. 1 Timoteo 6:10 (NVI)
2. NVI
3. NVI
4. Mateo 6:33 (NTV)

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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