Nueve remedios para males económicos

Nueve remedios para males económicos

¿Te sientes ahogado económicamente? ¿Pasas apuros para pagar las cuentas? Aquí tienes nueve remedios que pueden darte el empujoncito que necesitas para salir a flote:

Confiar en Dios. Él desea proporcionarnos todo lo que necesitamos. «Dios suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19).

Conducirse rectamente, tanto en el terreno personal como en el laboral y profesional. Las bendiciones de Dios son condicionales. «Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y Él les dará todo lo que necesiten» (Mateo 6:33, NTV). «Vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del Señor tu Dios» (Deuteronomio 28:2).

Practicar la generosidad. Eso incluye aportar para la obra de Dios y ser justo y generoso con las personas que dependen de uno. «Dé cada uno según le dicte su conciencia, pero no a regañadientes o por compromiso, pues Dios ama a quien da con alegría» (2 Corintios 9:7, BLPH).

Agradecer lo que ya se tiene. «Ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan Su nombre» (Hebreos 13:15).

Administrar prudentemente los bienes que uno tiene y planificar. Dios espera que seamos buenos custodios de lo que nos ha encomendado. «Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad» (Proverbios 21:5, NTV). «Aprende una lección de las hormigas. […] Se esfuerzan todo el verano, juntando alimento para el invierno» (Proverbios 6:6,8, NTV).

Economizary no malgastar. «La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15).

Ajustarse a un presupuesto, no gastar dinero que no se tiene en cosas atractivas pero no indispensables. Contraer deudas pensando solo en el presente, con la esperanza de que mañana logremos pagar lo adeudado, puede llevarnos a la ruina. «El que toma prestado es siervo del que presta» (Proverbios 22:7).

Hacer lo que se puede y confiar en que Dios hará lo demás. «La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece» (Proverbios 10:4).

Persistir en oración. A veces Dios permite que pasemos aprietos económicos para que nos acerquemos a Él, lo incluyamos más en nuestras actividades cotidianas y aprendamos a depender más de Él. Dicha dependencia se traduce en oraciones fervientes. Si rogamos de todo corazón, Dios promete actuar en nuestro favor. «Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jeremías 29:13).  

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Alex Peterson

Alex Peterson forma parte del cuerpo de redacción de Conéctate.

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