¡Primero la rana!

¡Primero la rana!

Por naturaleza soy una persona que se deja llevar por la inspiración del momento. Hace mucho que me molesta que sea tan dispersa para fijarme objetivos. Así que me puse a buscar un método eficaz para hacer todo lo que tengo en mi agenda. Me resulta muy fácil empezar por lo que me gusta o me atrae, pero lamentablemente esa estrategia suele llevarme a postergar otras cosas, sobre todo teniendo en cuenta que con frecuencia mis trabajos preferidos no son los más importantes o prioritarios. Y como lo importante no se resuelve por arte de magia, después me las veo negras para cumplir con todo.

Desde luego, algo tenía que cambiar. Una mañana, durante mi rato de lectura devocional, le pedí específicamente a Dios que me ayudara a gestionar mejor mi tiempo.

Unos días después estaba curioseando en unos puestos de un mercado de pulgas cuando me llamó la atención un libro delgadito. Su curioso título, No se puede enviar a un pato a la escuela de águilas, se asomaba por entre una pila de polvorientos libros usados dispuestos apretadamente en una caja de cartón. Tomándolo lo abrí y me topé con una frase de Mark Twain: «Cómete una rana viva cada mañana: nada peor te ocurrirá ese día».

El artículo correspondiente explicaba la idea básica de embarcarse primero en las tareas más intimidantes —que comparaba con el acto de comerse una rana— antes de dedicarse a las más placenteras. Si bien contenía muchas otras anécdotas interesantes sobre alcanzar nuestras metas, esa metáfora se me quedó grabada. Me di cuenta de que bien podía ser la respuesta a mi oración para encontrar una estrategia que me sirviera.

Debido a que he sufrido de graves problemas de espalda desde que tenía diez años, todos los días es indispensable que haga ejercicios y elongaciones para poder funcionar bien. Sin embargo, con los años esa gimnasia se ha convertido en una pesadez que a veces detesto. Tachar de la lista esa actividad iba a ser, sin duda, mi primera rana del día.

Al principio me resultó extraño identificar esta y otras ranas. No obstante, esta sencilla táctica ha contribuido a mejorar mis hábitos de trabajo y me ha ayudado a resistir la tendencia a postergar las cosas. Hasta en los días en que no tengo tiempo de poner por escrito lo que debo hacer me acuerdo de comenzar por buscar un par de ranas que requieran prioritariamente mi atención.

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El principio de prioridad dice así: a) debes distinguir lo urgente de lo importante, y b) debes hacer primero lo importante. Steven Pressfield (n. 1943)

Iris Richard

Iris Richard

Iris Richard tiene siete hijos y seis nietos. Vive con su marido en Kenia, donde participa, desde hace 25 años, en labores misioneras y programas de ayuda humanitaria. Es enfermera y consejera. 

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