¿Qué atesoramos?

¿Qué atesoramos?

En la segunda mitad del capítulo 6 del Evangelio de Mateo, Jesús pone el foco en nuestra relación con las cosas materiales. Comienza enseñando cuál debe ser nuestra escala de prioridades y nuestra actitud frente a los bienes materiales:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.1

En la Palestina de los tiempos de Jesús la gente solía guardar sus objetos de valor —bienes y monedas— en un depósito o caja fuerte en su casa2 o enterrados bajo el piso o en otro lugar.3 Los más adinerados tenían también vestiduras finas que constituían una forma de riqueza. Los metales preciosos eran susceptibles de corroerse o ser objeto de robo, las polillas podían dañar la ropa fina y los roedores comerse los cereales almacenados en graneros. Con estos ejemplos, Jesús demuestra lo temporales y efímeras que son las posesiones terrenales: no perduran ni nos acompañan a la otra vida.

El Antiguo Testamento presenta el mismo argumento:

No te afanes por hacerte rico: sé prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, que son nada? De cierto se hacen alas como de águila, y vuelan al cielo.4 Las riquezas no duran para siempre.5

Es importante entender qué exactamente censura Jesús cuando nos manda no hacernos tesoros en la Tierra. Partamos por examinar qué es lo que no desaprueba. No censura la posesión de bienes. La Escritura alaba a las hormigas que acopian comida para el invierno6 y recrimina a los que no procuran sustento para su familia.7 Se nos invita asimismo a disfrutar de lo que Dios ha creado.8 De modo que Jesús no censura ni el tener posesiones, ni el hacer preparativos para el futuro, ni el disfrute de lo que Dios nos ha concedido.

Entonces ¿qué precisamente reprueba Jesús en este pasaje? El escritor John Stott lo expresa de la siguiente manera:

Lo que Jesús prohíbe a Sus seguidores es la acumulación egoísta de bienes —«No acumulen para sí tesoros en la tierra»—; el derroche y la vida opulenta, la insensibilidad ante las colosales necesidades de los desheredados del mundo; la insensata fantasía de que la vida de una persona consiste en la abundancia de lo que posee, y el materialismo que ata nuestros corazones a la tierra. […] En resumidas cuentas, «hacernos tesoros en la Tierra» no significa ser previsores (y hacer preparativos sensatos para el futuro), sino ser codiciosos (como los avaros que disfrutan acumulando y los materialistas que siempre desean más). Esa es la verdadera trampa de la que Jesús nos previene aquí.9

Lo que Jesús repudia es el amor a las posesiones y el tener la acumulación de bienes como objetivo principal o fuente de alegría. El dinero no es vil; sin embargo, «el amor al dinero es la raíz de toda clase de males.»10

Hay muchos fines que, aun siendo perfectamente legítimos, si los motivos por los que los perseguimos no son buenos, desentonan con las enseñanzas de Jesús. Si nos apartan de los valores del reino de Dios, son malos tesoros. Por eso es importante que nuestro tesoro sea celestial y que nos esforcemos diligentemente para que nuestro corazón y nuestra mente estén en consonancia con los valores divinos. George Müller dijo en cierta ocasión: «Los tesoros que uno se hace en el Cielo atraen su corazón hacia allá».

El apóstol Pablo se manifestó en términos similares:

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.11 Inculca a los ricos de este mundo que no sean arrogantes y que no pongan su esperanza en algo tan inseguro como el dinero, sino que la pongan en Dios que nos concede disfrutar de todo en abundancia. Incúlcales que practiquen la virtud, que atesoren buenas obras y que sean generosos y desprendidos. Así se labrarán para el futuro un sólido capital de reserva y alcanzarán la vida verdadera.12

A continuación Jesús pasa a hablar de no servir a dos amos:

Ninguno puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.13

La palabra griega traducida como «riquezas» es mamōnas, que en distintas versiones se traduce como «Mammón», «dinero» o «riquezas». Jesús declara que nuestro amor, lealtad y devoción deben estar dirigidos hacia Dios más que hacia lo material. Debemos depositar nuestra confianza en Dios, no en nuestros recursos económicos, en nuestros bienes ni en nada material. El dinero en sí no tiene nada de malo; lo que sí está mal es dejarnos dominar por él y hacernos siervos de él.

1. Mateo 6:19–21
2. V. Mateo 13:52
3. V. Mateo 13:44
4. Proverbios 23:4,5
5. Proverbios 27:24
6. V. Proverbios 6:6-8
7. V. 1 Timoteo 5:8
8. V. Eclesiastés 3:13; 1 Timoteo 4:4
9. Stott, El Sermón del Monte, 179
10. 1 Timoteo 6:10 (NVI)
11. Colosenses 3:1,2
12. 1 Timoteo 6:17-19 (BLPH)
13. Mateo 6:241

Podcast

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.