Salir de deudas y enriquecerse

Salir de deudas y enriquecerse

La lectura de blogs de personas que tienen que lidiar con deudas refuerza mi determinación de reducir las nuestras. Cuando ojeo artículos sobre casos similares a nuestro proceso de salir de deudas, suelo descartar los que tienen que ver con inversiones y ahorro. Hay ciertas coincidencias entre los textos sobre reducir las deudas y los que hablan de aumentar el patrimonio. Aunque estoy 100% de acuerdo con lo primero, me cuesta aceptar el concepto de acumular riqueza. Reducir nuestras deudas es, para mí, sinónimo de actuar responsablemente, disciplinarnos y sanear nuestra economía. En cambio, siempre he relacionado el enriquecimiento exclusivamente con la codicia y el egoísmo.

Hace unos años escribí un artículo en el que explicaba que por mucho tiempo había permitido que arraigaran en mí ciertas interpretaciones erróneas de pasajes de la Biblia, las cuales me habían llevado a relacionar el dinero y la gente acaudalada con todo lo que es malo y repudiable1.

Citar textos de la Biblia al hablar de algo personal —como nuestras deudas— puede ser delicado, pues se corre el riesgo de distanciar al oyente o lector. No obstante, el tema de la reducción de las deudas tiene múltiples aristas. Ignorar el aspecto espiritual nos deja con una visión incompleta de la experiencia. El año pasado, después de leer el artículo que menciono más arriba, un colega mío que suele leer mi blog y no es cristiano me dijo: «Eres de las pocas personas que puede citarme la Biblia sin enfadarme». Eso me motiva a volver a adentrarme en el tema.

El buen estado físico y económico

Recuerdo haber escuchado una vez un programa de radio cristiano mientras conducía mi automóvil. El invitado era un hombre de sesenta y tantos años. Hablaba de la importancia de mantenerse en buen estado físico y de la necesidad, cuando uno se va haciendo mayor, si quiere mantenerse sano y fuerte, de incluir progresivamente un mayor porcentaje de ejercicios de entrenamiento de fuerza en las sesiones diarias en sustitución de ejercicios aeróbicos. Recibían llamadas en vivo, y un hombre que se comunicó comentó: «Los cristianos hemos sido llamados a servir a los demás. ¿Cómo se justifica, pues, que dediquemos egoístamente media o una hora al día a entrenar para mantenernos en forma?» La pregunta me irritó. «Está claro que tenemos que cuidarnos si queremos ser de utilidad a los demás —pensé—. ¿Cómo vamos a servirlos si no estamos en forma y corremos el riesgo de enfermarnos o de ver reducida nuestra movilidad?»

Entiendo bien ese concepto en lo referente a la salud. ¿Qué me impide, entonces, adoptar esa misma actitud con respecto a una sana situación económica? Si estuviera libre de deudas y contara con ahorros, tendría más flexibilidad para hacer ofrendas generosas en mi iglesia, a organizaciones de beneficencia de mi barrio o ciudad y hasta para apoyar obras internacionales. Eso sería estupendo. Y es mucho más viable hacerlo cuando uno posee cierto acervo financiero. Es obvio que para apoyar económicamente a otras personas debemos cuidar nuestro propio dinero. ¿Cómo podemos ser generosos cuando estamos endeudados hasta la coronilla?

El Día del Armisticio y la libertad

En vísperas del Día del Armisticio2, el mensaje que se suele oír es que aquellos hombres «murieron por nuestra libertad». A mí me toca de cerca porque tanto mi padre como mi abuelo fueron a la guerra. Además se trata de un mensaje fuerte para los cristianos: los Evangelios dicen que Cristo vivió y murió para «poner en libertad a los oprimidos»3.

Busqué la palabra libertad en tres diccionarios —reconozco que soy una ratona de biblioteca— y los tres incluían dos acepciones principales:

1. Facultad de determinar uno sus propias acciones.

2. Estado de quien no es esclavo ni está preso.

La libertad es un don que muchos desaprovechamos, que comprometemos al tomar decisiones que nos subyugan a adicciones, al materialismo, al orgullo, al temor… y a las deudas. ¿Cómo podemos, entonces, valorar ese don y los sacrificios que se hicieron por él? «Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud»4. Valoramos la libertad cuando gozamos plenamente de ella, con gratitud, y nos mantenemos firmes y alertas para no perderla. Descuidarnos implica volver a caer en la esclavitud.

Futuro financiero

Estoy convencida de que la libertad asociada a una situación económica holgada es potencialmente buena. El tiempo dirá si tendremos la disciplina necesaria para mantener un buen rumbo una vez que salgamos de deudas. El tiempo dirá si haremos un uso adecuado y generoso de nuestra creciente libertad económica o si la malgastaremos neciamente.

Mi esperanza es que la acogeremos con los brazos abiertos y nos mantendremos firmes para no perderla, pues a mí no me gusta la esclavitud. Hemos sido libertados para que gocemos de libertad. Yo quiero vivirla.

1. El artículo puede leerse aquí: http://prudencedebtfree.com/debt-reduction-and-guilt-facing-the-sabotage-from-within/
2. El Día del Armisticio se celebra en algunos países el 11 de noviembre para conmemorar el día del año 1918 en que cesaron los enfrentamientos de la 1ª Guerra Mundial
3. Lucas 4:18 (NVI)
4. Gálatas 5:1 (NVI)

Ruth McKeague

Ruth McKeague vive en Ottawa, Canadá. Es profesora de educación secundaria. En los últimos seis años ha hecho una crónica de su proceso para salir de deudas en su sitio web Prudence Debt-free.

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