Vida

En la proa de una bangka

En un viaje para asistir a la boda de mi hijo en Filipinas me di el gusto de viajar en una bangka, una embarcación parecida a un catamarán que tiene un flotador a cada lado, lo que le otorga gran estabilidad. Ese diseño elegante y estilizado permite una buena velocidad, se ha empleado durante miles de años y sigue siendo de uso generalizado hoy en día.

Belleza efímera

Un amigo me comentó que después de vivir una experiencia hermosa suele sentir melancolía. No entendí muy bien a qué se refería. Fue solo cuando me propuse recordar lo que yo siento luego de una espléndida puesta de sol, un día fantástico o una función conmovedora que comprendí que a mí me pasa lo mismo.

La música de nuestra vida

Si alguien me preguntase mi opinión sobre la música, le contestaría que soy un entusiasta. Mis amigos tal vez me catalogarían de fanático, pero no les hago caso.

La música tiene algo inexplicable que nos emociona y conmueve. Una letra con fuerza puede ser justo lo que necesitamos para levantarnos el ánimo y alegrarnos la existencia. Personalmente, debo a muchos compositores inspirados infinidad de gratos momentos.

Eternidad

Mi hija me preguntó una vez si me pesaba haber dedicado mi vida a servir a Dios.

Le respondí:

—En absoluto. Mi idea fue siempre trabajar con los ojos puestos en la eternidad.

Sal y luz

Jesús comienza el Sermón del Monte con las Bienaventuranzas, que ofrecen una visión general de cómo deben vivir su fe los seguidores de Sus enseñanzas. En el resto del sermón entra en mayores detalles y presenta otros principios que amplían los expuestos en las Bienaventuranzas.

Uno de esos principios aparece justo a continuación de las Bienaventuranzas. Es el siguiente:

Ser y hacer

Numerosos pasajes de la Biblia ofrecen respuestas a los grandes interrogantes de la vida y nos aclaran nuestra razón de ser. El rey Salomón —descrito en el Libro Sagrado como el hombre más sabio de su época1— descubrió la absurda vanidad de llevar una vida intrascendente. El libro de Eclesiastés termina con esta afirmación suya: «Respeta a Dios y guarda Sus mandamientos, pues en eso consiste ser persona»2.

Los bienes terrenales

Siempre me han gustado los perros. Me crie con perros, y más adelante, cuando mi mujer y yo éramos misioneros, siempre consideramos que en nuestra casa hacía falta un perro. Así fue como un día nos conseguimos un cachorro y un collar.

No era cualquier collar, sino el mejor que encontramos. De hecho, cuando lo sacaba a pasear por la mañana o a explorar los campos al atardecer, con su collar de acero inoxidable y la placa dorada en la que estaba grabado su nombre, muchas veces parecía estar mejor vestido que yo.

Del amargor a la dulzura

El ruido de la batidora me atrajo a la cocina. Encontré a mamá trabajando y me puse a observarla. Era mi oportunidad de averiguar qué le ponía a la torta de chocolate que le quedaba tan rica. Como era de esperar, había chocolate de repostería. Tomé un trocito que se había desprendido de la barra y me lo puse en la lengua para que se disolviera. ¡Era amargo! Estudié los demás ingredientes que había sobre la mesa. Una taza de leche cortada. ¡Qué asco! Ni soñando iba a agregar mamá eso a la torta, ¿o sí? Tal como me temía, lo hizo, y también echó un poco de aquel espantoso bicarbonato de sodio que me había obligado a tomar la última vez que había tenido acidez estomacal. ¿Cómo podía resultar rica una torta hecha con esos ingredientes? Mamá me sonrió y me dijo que esperara a que estuviera lista.

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