Vida

¿Es cierto que hay gente que lo tiene todo?

Pregunta: ¿Por qué da la impresión de que algunas personas llevan vidas de ensueño? Tienen magnífica presencia, gozan de estupenda salud, poseen grandes habilidades y están siempre rodeadas de amigos. Mejor dicho, lo tienen todo, mientras que otros por lo visto adolecen de un sinfín de defectos y sufren innumerables reveses.

Respuesta: A primera vista, muchas cosas no parecen justas o equitativas. Sin embargo, gran parte de lo que sucede en la vida de una persona pasa inadvertido a los demás. 

El sentido de lo valioso

Sentada en una cafetería con vista al mar, observando los veleros que navegaban a lo lejos, me llamó la atención una conversación que se desarrollaba en la mesa de al lado, a un volumen tal que casi todos los que estaban en el local podían oírla.

—¿Por qué despediste de la oficina a Enrique? —preguntó uno los interlocutores.

—No tenía sentido de lo valioso —respondió el otro—. Cada vez que lo necesitaba estaba tomándose un café. Parecía que valoraba más una taza de café que su empleo. Se lo advertí varias veces, pero al final tuve que prescindir de sus servicios.

Crear hábitos

Por increíble que parezca, en otras épocas para construir un puente colgante remontaban una cometa desde una margen del río o desfiladero hasta la otra. Alguien del otro lado atrapaba la cometa y ataba a la punta del cordel uno un poco más grueso. Luego los que habían elevado la cometa tiraban del cordel hasta tener en sus manos la punta del cordel grueso. Ese procedimiento se repetía varias veces. 

Con Dios al volante

Todavía recuerdo cuando yo solita, segura de mí misma y orgullosa de mi capacidad, conducía mi automóvil por las carreteras de la vida. Yo decidía mi destino. Me encantaban esas horas solitarias que pasaba en la ruta observando la puesta de sol, me gustaba sentir el agarre de las ruedas en el asfalto y me apasionaba poder ir en cualquier momento donde me diera la gana. Era dueña de mi vida y procuraba disfrutar de ella todo lo posible.  

Conducirse con acierto

Hace algunos años se puso de moda una canción que pregonaba la eliminación de todos los males de la sociedad. No recuerdo exactamente la letra, pero en esencia decía: «Si yo fuera rey del mundo, haría las cosas de otra forma». No habría más guerras, ni odios, ni sufrimiento, ni ninguna de las calamidades que aquejan a nuestro planeta.

Si bien se trataba de un noble ideal, al menos a primera vista, no tenía en cuenta un importante factor: Dios nos ha dado a todos libre albedrío, la facultad de elegir. En ese sentido, cada uno de nosotros es «rey del mundo». Puede que no tengamos autoridad sobre todo el orbe ni podamos tener un efecto visible en el orden del universo; pero sí se nos ha encargado que gobernemos nuestro pequeño mundo. Dependiendo del acierto con que lo hagamos, a partir de ahí podemos tener una influencia positiva en todo lo que nos rodea.

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