Vida

El don de la carencia

El año pasado fue duro. No terrible, pero estuvo plagado de contratiempos. Nuestra familia debió hacer frente a una serie de dificultades laborales, económicas y de salud. Tengo la esperanza de que este año las cosas mejoren en esos aspectos. Con todo, quisiera contar lo que Dios me está enseñando en estos momentos, porque esos retos me han reportado algunos beneficios asombrosos.

Cuestión de tiempo

Imagínate por un instante que pudieras retroceder en el tiempo y revivir cualquier momento que quisieras de tu vida. ¿Qué decisiones no volverías a tomar de la misma manera? ¿Qué momentos específicos querrías disfrutar de nuevo? ¿Con qué personas pasarías más tiempo?

Reyes y reinas

Hace unos años se puso de moda una canción sobre la necesidad de remediar todas las injusticias de la sociedad. No recuerdo exactamente la letra, pero en esencia decía: «Si yo fuera rey del mundo, haría las cosas de otra forma». No habría más guerras, ni odios, ni sufrimiento, ni ninguna de las calamidades que aquejan a nuestro planeta.

Hacer balance

No me imagino que una planilla de Excel suscite entusiasmo o alegría, como no sea en los más tenaces oficinistas. Desde luego no en mi caso.

Muy a pesar mío esta semana tuve que hacer modificaciones importantes en una de nuestras planillas. Tenía que añadir funciones tales como un cálculo automático de los artículos egresados durante el mes y del inventario restante, un desglose de los artículos en stockpor categorías, etc. ¡Uy, qué ilusión!

Mi Beethoven inolvidable

Cuando mi padre me hizo escuchar por primera vez la Sinfonía n.º 6 de Beethoven1 —algo que repitió muchas veces— sin duda su intención era contagiarme su entusiasmo por la música clásica.

¿Dónde está tu tesoro?

De niña me encantaba visitar la casita que tenía mi abuela Sabina en las montañas. Como mi tía Iota vivía en la casa contigua, mi hermana y yo nos pasábamos el día explorando con nuestros primos. Íbamos a la cascada, nos bañábamos en el río que pasaba por la parte de atrás de la finca o subíamos a una de las numerosas cimas de la Sierra de la Mantiqueira. Para una niña de ciudad como yo, aquello era un paraíso.

Alegría, realización, felicidad

Todos tenemos innumerables oportunidades y posibilidades de avanzar en nuestra fe, relaciones, trabajo, vida interior, etc. Claro que hacer progresos en cualquier ámbito exige determinación, disciplina, esfuerzo, sacrificio y trabajo arduo; pero los resultados bien valen la pena.

Sigamos la melodía

En la película La novicia rebelde1, la madre superiora le dice a la bulliciosa fraulein María que abandone el convento para ayudar a una familia numerosa que ha perdido a la madre. Ante las protestas de María, la abadesa le pregunta:

—¿Qué es lo más importante que has aprendido durante tu estadía en el convento?

—Que debemos averiguar cuál es la voluntad de Dios —responde María— y cumplirla sin reservas.

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