Airarse contra el mal

Airarse contra el mal

Pregunta: Soy consciente de que el amor y la humildad son virtudes cristianas; no obstante, ¿qué debe hacer uno frente a un acto de injusticia? A veces me altero mucho cuando leo las barbaridades que suceden en el mundo. ¿Airarse está mal en todos los casos?

Respuesta: «No te apresures a enojarte» recomiendan las Escrituras1; pero eso no quiere decir que nunca debamos indignarnos.

Recuerda lo que sucedió cuando Jesús llegó al templo de Jerusalén. Una agitada multitud se apiñaba en el patio exterior. Todo era alboroto y confusión mientras los comerciantes vendían sus productos: palomas, corderos, bueyes, lo que fuera necesario para los sacrificios que tenían lugar en el templo. El dinero cambiaba de manos; la gente regateaba, discutía y suplicaba. Los vendedores hacían su agosto.

Jesús se indignó. Lo que debía ser una casa de oración había degenerado en un concurrido mercado en el que la honradez brillaba por su ausencia. Jesús podría haber adoptado una postura comprensiva, teniendo en cuenta que, si bien los comerciantes se lucraban, por otra parte prestaban un servicio al suministrar a los fieles lo que les hacía falta para obedecer la Ley de Dios. Además, cuanto más pagara la gente por los animales para los sacrificios, más los valoraría. Fácilmente habría podido ver la situación desde un prisma positivo y seguir adelante.

Pero no. Los Evangelios dicen que Jesús volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y los reprendió por convertir la casa de oración de Su Padre en una cueva de ladrones. Ese incidente figura en los cuatro Evangelios2, lo que recalca su importancia.

Hay momentos en los que sí es preciso hacer frente a las injusticias. Eso no significa dejarse llevar por la propia ira, ni quiere decir que debamos «volcar las mesas». La Palabra de Dios advierte: «Si os airáis, no pequéis; no se ponga el sol mientras estéis airados»3. En todo caso, sí hay ocasiones en que debemos dar la cara por lo que consideramos justo. Seguir a Cristo implica entre otras cosas ser consecuentes con nuestras convicciones sobre la verdad y la justicia.

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Un hombre que no sabe airarse no sabe ser bueno. De vez en cuando la indignación ante el mal debe agitarnos hasta lo más hondo.  Henry Ward Beecher (1813–1887)

1.Eclesiastés 7:9 (N-C)
2.V. Mateo 21:12,13; Marcos 11:15–17; Lucas 19:45,46; Juan 2:14–16
3.Efesios 4:26 (NBJ)

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