¿Control?

¿Control?

Yo era una de las ilusas que comenzó al año pasado con un nuevo planificador. El 2020 prometía mucho y pensé que tenía algún control sobre el rumbo que tomaría el año. Tenía programado un viaje largamente postergado para ir a ver a mi familia a principios de la primavera, algunos proyectos de mejoras en la casa, un plan de ahorro y economía, planes de vacaciones familiares y para usted de contar.

De pronto el mundo dio un viraje y tuvimos que lidiar con una nueva realidad.

He pensado mucho en los cambios en el sentido de reconocer que los necesitamos y comprometernos a llevarlos a efecto, pero, ¿qué pasa con los cambios que se nos imponen? Una guerra, un divorcio, un diagnóstico de fase terminal, una pérdida... Todas esas cosas traen aparejados cambios tremendos a los que hasta los más recalcitrantes se ven obligados a adaptarse. ¿Cómo logra uno entender y aceptar cambios que no quiere por nada del mundo? ¿Qué cambios permitimos y a cuáles nos oponemos para que nada se altere? ¿Y a qué se aferra uno cuando la situación se descontrola?

Puede que hayas oído el dicho: «Todo cambia menos Jesús». Siendo esposa, madre, hermana, amiga, ama de casa, empleada y persona que goza de buena salud, libertad y estabilidad económica, no me gusta la insinuación de que una de esas cosas cambie sin que yo lo consienta. ¿A ti cómo te cae eso?

Si el 2020 me dejó alguna enseñanza es mi capacidad casi nula de controlar nada. Me demostró además que mi felicidad se ha reducido a una satisfacción derivada de poder controlar «mi mundo». No me resulta fácil afrontar eso, pues lo que intento controlar y proteger son cosas buenas y hermosas que se deben resguardar, como es el caso de mi familia, nuestro hogar y seres queridos, etc. Sin embargo, en última instancia, tengo muy poco control sobre las cosas, salvo mi corazón, mi pensamiento y mis acciones.

Siempre me gusta leer las epístolas de la Biblia. Mientras exhortaba a los creyentes sobre temas de enorme trascendencia, como la persecución y otras penalidades que sufrían él y la iglesia, Pablo de golpe entreveraba: «Por nada estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. En cuanto a lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto piensen.1

Es así de simple.

1. Filipenses 4:6-8

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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