En la proa de una bangka

En la proa de una bangka

En un viaje para asistir a la boda de mi hijo en Filipinas me di el gusto de viajar en una bangka, una embarcación parecida a un catamarán que tiene un flotador a cada lado, lo que le otorga gran estabilidad. Ese diseño elegante y estilizado permite una buena velocidad, se ha empleado durante miles de años y sigue siendo de uso generalizado hoy en día.

Es muy estimulante sentarse en la proa y, conforme esta sube y baja, dejar que el agua te salpique y te empape. Los pies te quedan colgando y van rozando ligeramente la superficie, y el barco se sacude como si fuera un carrito de un parque de diversiones.

Algunos de los que estaban en la nave prefirieron disfrutar del paseo debajo de la toldilla de popa, mientras que los más aventureros nos deleitábamos en la proa dejando que el mar nos rociara la cara. Algunos jóvenes se paraban en la cubierta de proa como si fueran surfistas y hacían equilibrios mientras la nave se elevaba sobre las olas y luego caía.

Cuando llegamos a nuestro destino —un santuario marino—, algunos nos contentamos con descansar en la cubierta, tomar el sol, disfrutar de un buen libro o simplemente dejar pasar el día con parsimonia.

Otros, abandonando nuestro refugio, se zambullían y pasaban a otra dimensión, para bucear y admirar la abundante vida acuática que había en las formaciones de coral. El blanco y arenoso lecho marino estaba decorado con estrellas de mar azules. Cardúmenes de pececillos fluorescentes comían rosquillas de nuestras manos. Un pez payaso me dio simpáticos mordisquitos en el pie. Innumerables peces se escondían de repente en el coral de vivos colores y luego volvían a salir. Bien valió la pena recorrer medio mundo para ver todo aquello.

Tal vez seas de los que gozan de la seguridad de la cabina, o quizá de los prefieren la emoción de la proa. De cualquier manera, la vida es una aventura cuando Dios es nuestro capitán. A los que creemos en Él nos une un singular vínculo de fraternidad: todos viajamos en la misma nave y nos dirigimos al mismo puerto.

Dios también tiene muchas sorpresas para nuestro deleite cuando nos sumergimos en el agua de Su Palabra. Allí descubrimos maravillas que los paisajes submarinos más arrebatadores apenas logran imitar. Si nos aventuramos en Su territorio y seguimos el derrotero que nos ha trazado en Su Palabra, no nos llevaremos una desilusión.

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Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

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