La alegría y los buenos tiempos

La alegría y los buenos tiempos

Me fascinó el siguiente versículo: «Los pueblos de Judá y de Israel eran tan numerosos como la arena que está a la orilla del mar; y abundaban la comida, la bebida y la alegría».1

Aunque llevo muchos años estudiando la Biblia no creo haberme detenido antes en ese versículo. Al menos, nunca me detuve en su significado.

El pasaje alude a un período de la historia de Israel, durante el reinado de Salomón, en que hubo paz y gran prosperidad. ¿Qué hizo la gente entonces? Festejó aquella prosperidad con júbilo.

Lamentablemente ese es un concepto nuevo para mí. Soy de las que siempre espera lo inevitable. Cuando las cosas marchan bien, tiendo instintivamente a no disfrutarlas. Más bien empiezo a preocuparme y a preguntarme qué avatares, tragedias y sufrimiento me aguardan a la vuelta de la esquina. Antes pensaba que de esa manera me preparaba para hacer frente a las adversidades. Pero... ¿y si me estaba perdiendo oportunidades de abrazar la alegría?

Como es natural, todos experimentamos tristezas, desdichas y hasta períodos prolongados de aprietos y dificultades. No obstante, cuanto más aprendo sobre la naturaleza divina mejor entiendo el interés que tiene Dios en que seamos felices. La alegría en abundancia es una bendición concedida por Él: «Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y nos alegraremos en él».2

En los momentos difíciles y las contrariedades —que son inherentes a la vida misma— seguiré dependiendo de la gracia, la alegría y la paz divinas. En cambio, cuando las cosas marchen viento en popa, cuando a mi alrededor tenga niños felices, buenos amigos, cielos azules y un buen hombre que me ame, voy a celebrar la vida con alegría. Voy a reconocer lo maravillosa que es la vida. Y espero que ustedes también lo hagan.

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Aunque la felicidad no depende de lo que poseamos, sí tiene mucho que ver con nuestra actitud frente a esas cosas. Podemos ser felices con poco o vivir desdichados con mucho. William D. Hoard (1836–1918)

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Nuestra felicidad depende de los hábitos mentales que cultivemos. Por eso proponte pensar en términos felices todos los días. Cultiva un corazón alegre, crea el hábito de la felicidad, y la vida será un banquete continuo. Norman Vincent Peale (1898–1993)

1. 1 Reyes 4:20 (NVI)
2. Salmo 118:24

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Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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