Tres vidas

Tres vidas

A mí me encantan las biografías. Las películas, libros y hasta los artículos de internet de corte histórico son muy prácticos para hacernos una idea general sobre una vida. Tomando nota de sus ejemplos —fueran loables o detestables—, tenemos ocasión de ver cómo se desenvuelve una vida y cómo termina, ya sea en la fama o en la infamia, o a veces en el olvido. En algunos casos la trama nos lleva a lugares a los que no se atrevería a ir ni siquiera un novelista.

Uno de esos casos es el de Lilias Trotter (1853–1928). Hace poco vi un documental sobre su vida, titulado Muchas cosas hermosas. Me conmovieron su dedicación y el compromiso con sus convicciones. Rechazó la fama y el éxito de que gozaba como artista renombrada que era, para vivir una vida relativamente ignota en la que pasó 40 años en Argelia enseñando a las mujeres una aptitud artística que les permitiría mejorar su vida. No sepultó su talento creativo, pues su arte floreció durante su estadía en Argelia. Sin embargo, no lo hacía para ensalzarse a sí misma ni para seguir el rumbo que algunos de los expertos de la época hubieran querido. Lilias creaba obras de arte, porque le encantaba observar la naturaleza y a la gente y porque quería que otros también adquirieran esa pasión.

Sus diarios están llenos de ilustraciones y apuntes sobre lo que aprendía de las personas y la naturaleza: «Las margaritas me leen enseñanzas de fe» y «el torrente lácteo del glaciar habló con la voz de Dios». Los escritos de Lilias ponen de relieve que estaba fascinada con la aventura de vivir, de aprender y de adaptarse a una nueva cultura e idioma. Amaba lo que hacía. Su comentario final fue: «Estaba más viva y tenía más gozo, creatividad y plenitud que si me hubiera quedado en Londres».

Aunque Dios la había llamado a hacer algo difícil, pues implicaba dejar su zona de comodidad, ella se regodeó en la aventura que suponía todo aquello. Su impacto puede medirse no solamente a través de su arte, sino de los efectos beneficiosos que tuvo en la vida de las mujeres con las que compartió. Por momentos parecía que no hacía más que botar agua en la arena seca sin ver fruto alguno. Pero en el desierto hay ríos subterráneos. Los árboles acceden a ese recurso extendiendo profundamente sus raíces. Lilias are como esos árboles. Tenía una fe profunda.

Las obras de Lilias quedaron mayormente relegadas a los sótanos de coleccionistas y museos hasta que unos historiadores del arte volvieron a poner su vida en el candelero. Pero si el éxito se mide en términos de vidas transformadas y mejores circunstancias para otras personas, se puede afirmar que Lilias Trotter tuvo un éxito descomunal. El efecto que tuvo se siente hasta el día de hoy.

Otro docudrama que vi, llamado Narcos, supuso un notable contraste, puesto que se trataba de la vida de Pablo Escobar (1949–1993), el barón colombiano de la cocaína y el narcoterrorismo. Aunque fue el criminal más acaudalado de la Historia, con un valor neto estimado en 55 mil millones de dólares (calculados a valores de la actualidad), espiritualmente era paupérrimo. Como dijo Jesús: «No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.1

La futilidad de las riquezas de Pablo Escobar se hace patente en el hecho de que el 10% de todo su dinero efectivo terminó en boca de roedores y se dio de baja como desecho. Cuando estuvo oculto de las fuerzas de la ley, quemaba fajos de billetes para calentarse. Al final su fortuna quedó en manos del gobierno colombiano.

Además de la infructuosidad de su riqueza, hay que tener en cuenta el reguero de muerte y destrucción que dejó Escobar a su paso. Miles murieron en la orgía de violencia. Durante su reinado como ‘rey de la coca’ a Colombia se la conoció como la capital mundial del homicidio. El efecto negativo de aquellas vidas perdidas y arruinadas es incalculable.

No obstante, aun semejante caso nos deja un rayo de esperanza. Por medio de un documental —además de personalmente—, el hijo de Pablo Escobar —Juan Pablo Escobar Henao— ha hecho esfuerzos por extender la mano a las víctimas de la furia de su padre pidiendo perdón al pueblo colombiano y a cualquiera que hubiera sufrido los pecados de su padre. En lugar de echar leña al fuego y tratar de vengarse, el hijo de Pablo Escobar procura seguir el precepto divino de la reconciliación, que nos insta a pedir perdón a quienes hemos perjudicado y a perdonar a quienes nos han causado daño a nosotros.

Tres biografías y legados muy distintos. ¿De qué manera desempeñaremos nuestro papel y qué legado dejaremos?

1. Mateo 6:19-21 (NVI)

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Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

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