Estrés

Mi ansiolítico

El año había estado lleno de acontecimientos, plazos y logros. Yo trabajaba arduamente enseñando inglés en un colegio particular, además de dar clases en casa. Al mismo tiempo estaba estudiando para obtener un diplomado de filología rusa y el certificado Cambridge English Proficiency. Para colmo, dirigía unas reuniones cristianas en un centro universitario y un club de conversación en inglés. Tenía la agenda copada, y me encantaba.

Oportuno examen

Generalmente me considero una persona bastante tranquila, más bien parsimoniosa, que se toma las cosas con calma y no se turba así no más cuando sube la presión. Preparando este número de la revista, leí el artículo de David —págs. 4 y 5— en el que él se declara un preocupón impenitente. Mi primera reacción fue sentir algo así como lástima por mi pobre amigo y por tantos que andan por la vida crispados a consecuencia del estrés. Definitivamente no me di por aludido.

Escuchar por las dos

Estábamos en las postrimerías de la temporada. Miami Heat aventajaba por 2 a 1 a los Lakers en el campeonato de baloncesto. El cuarto partido se iba a jugar aquella tarde. Yo andaba atareada. Siempre lo estaba, pero aquel día ella había invitado a alguien a almorzar, así que yo estaba más ocupada que nunca.

Equilibrio vital

Hace poco un amigo me dijo: «Mi empresa anda bien, pero mis alergias han empeorado más que nunca. Por lo visto, cuando me estreso se agravan. ¿No será que lo uno está relacionado con lo otro?»

Todos sabemos lo que es estar muy ocupados, pero Jesús nos dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y Yo les daré descanso. Carguen con Mi yugo y aprendan de Mí, pues Yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma»1.

Consejos para superar el estrés

Siempre he sido una persona muy activa. Desde jovencita me decían que yo era el trajín personificado.

Después del fallecimiento de mi marido comencé a sufrir de estrés. Me sentía abrumada por obstáculos de poca monta. Sabía que tenía que dar con estrategias para lidiar con las tensiones y minimizarlas.

Espacios

Decidí que más vale tarde que nunca y me atreví con algo que hubiera debido hacer mucho tiempo atrás: con mis 50 y tantos años me inscribí en un curso de conducción en la autoescuela del barrio.

Imagínate mi horror cuando en la segunda clase el instructor me llevó a conducir por Nairobi, con su tráfico caótico.

—Trate de dejar un espacio alrededor del vehículo —fue una de las primeras instrucciones que me dio.

Vivir sin estrés

El estrés atenta contra nuestra felicidad, pero Dios quiere librarnos de él. El estrés dificulta nuestro desempeño y es culpable de terribles desdichas, enfermedades y hasta muertes. Un artículo publicado hace poco asegura que entre el 75% y el 90% de las visitas al médico en países desarrollados están directa o indirectamente relacionadas con el estrés.

La fe es el antídoto contra el estrés. La confianza de que todo está en manos de Dios, de que Él es dueño de la situación y es capaz de sacar algo bueno aun de las circunstancias más desfavorables elimina automáticamente buena parte del estrés que sentimos.

¿Estresado?

Cuando tenemos mucho que hacer en muy poco tiempo, es fácil caer en el agobio. Nos parece que no estamos rindiendo lo suficiente o que nuestros avances son muy lentos, así que nos exigimos más. Lo cierto es que cuando nos dejamos apremiar de esa manera, por lo general merman aún más nuestra eficacia y productividad. Lo que empezó como una actividad positiva, para la que nos sentíamos motivados, termina siendo estresante.

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