La cuerda floja

La cuerda floja

¿Alguna vez has tenido la sensación de que ibas en monociclo por una cuerda floja al tiempo que hacías malabarismo con cinco antorchas encendidas, todo esto con un experto equilibrista persiguiéndote con una pistola láser? Yo sí. La vida consiste en hacer malabarismos y equilibrismos en un empeño por mantener a todos con vida, todo eso simultáneamente y sin respiro. Estoy agotada. Seguro que ustedes también.

A veces el equilibrio y la cordura parecen un espejismo, algo bello y hermoso que siempre está unos milímetros fuera de mi alcance. Hace poco me sentía así. Pensé que iba a perder el juicio. Eso me llevó a la conclusión de que no debía de estar viviendo como Dios manda. Al fin y al cabo, la Palabra dice unas cuántas cosas sobre la vida:

«Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo.»1

«Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.»2

En Éxodo Dios se vale de Jetro, el suegro de Moisés, para decirle a este que terminará extenuado si pretende hacerlo todo.3 Claro que si Moisés era como yo, probablemente habrá pensado que del dicho al hecho hay mucho trecho. Lo primero que tuve que comprender es que para poder hacer buen malabarismo hay momentos en que tienes que soltar algunas de las pelotas.

He aquí algunos consejos que me ayudaron a cobrar un poco de esperanza en un futuro menos raído.

1) Aprende lo que necesitas para vivir espléndida y sanamente. Para mí eso significa dormir lo suficiente, hacer ejercicio varias veces a la semana, pasar tiempo a solas con Dios todos los días y contar con algo de tiempo personal de calidad. Si descuido cualquiera de esas cosas, arrostro las consecuencias.

2) Prioriza el progreso por sobre la perfección. Si quieres una vida equilibrada, tendrás que desistir de la idea de que todo —toda persona, situación y suceso— debe ser perfecto en todo momento.

3) Aparta algo de tiempo cada semana para hacer las tareas ingratas. Cosas nimias, como pagar una cuenta, llamar al banco, organizar el cajón de los zapatos. Esas son las que a mí se me aglomeran en la cabeza y me causan ansiedad y exasperación, porque no hay forma de atenderlas todas. Lo que hago ahora es apartar dos horas por semana para ocuparme de todas las que pueda. Y las que no, tendrán que esperar hasta que tenga otra ventana de tiempo. Me mentalizo para no preocuparme por ellas sabiendo que ya les llegará su hora.

Si bien hay numerosos libros escritos sobre el tema de una vida equilibrada, esos consejos renovaron mi vida. Gracias a ellos la cuerda floja ya no me asusta tanto.

1. Eclesiastes 3:1 (NVI)
2. Mateo 11:28 (NVI)
3. V. Éxodo 18:17.

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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