No caigamos en el estrés

No caigamos en el estrés

Tengo un sobrino de seis años al que le encantan los videojuegos. El otro día me senté con él mientras hacía un juego de carreras en su Wii. Cada nivel presentaba más dificultad que el anterior: mayor velocidad y un recorrido más azaroso. Yo lo miraba y lo notaba cada vez más estresado. La cara se le estaba poniendo roja, las manos le sudaban, y era incapaz de permanecer sentado en su silla.

Finalmente no aguantó más. Se echó a llorar y gritó:

—¡No lo soporto más, estoy demasiado estresado!

De repente, el juego que tanto disfrutaba había degenerado en pesadilla. No pude menos que sonreír ante tan dramático estallido y apagué la televisión para darle un respiro.

Al día siguiente, también yo tenía ganas de gritar. Me llegaron varios encargos importantes con plazos de entrega apretados. Generalmente disfruto de mi trabajo; pero al aumentar la presión quise exclamar: «¡No lo soporto más!» Aunque no me puse a llorar ni di un berrinche, ganas no me faltaron.

El estrés es una reacción del organismo ante un cambio que demanda una respuesta física, mental o emocional. El equilibrio vital es delicado, y si bien algo de estrés es natural y puede resultar beneficioso, la excesiva presión en cualquier aspecto puede tener efectos negativos: dificultad para dormir, retraimiento, inestabilidad emocional o complicaciones de salud. Cuanto más se permite que el estrés se prolongue y se intensifique, más peligroso puede resultar.

¿Qué se puede hacer para combatirlo? Partamos por decir que el estrés no es nada nuevo: es un mal de muy larga data. Por eso la Biblia abunda en consejos para el mismo. He aquí algunos:

Conversar con alguien

El apóstol Pablo recomienda: «Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas»1. Aunque los demás no puedan resolver tus problemas, con frecuencia sentirás gran alivio al descargar tus pesares sobre alguien dispuesto a escucharte. Muchas veces, apenas uno se desahoga, las dificultades dejan de parecer tan monumentales, y uno puede afrontarlas sin sentirse estresado o sobrecargado.

Fraccionar las metas

Si nos sentimos muy presionados, quizás es porque pretendemos lidiar con demasiadas cosas a la vez. Jesús dice que Su yugo —o volumen de trabajo— es fácil, y ligera Su carga2. Si la tuya es demasiado onerosa, tal vez debas deshacerte de una parte por un tiempo.

Fijarse objetivos realistas

Si no lograr cumplir tus expectativas y los demás tampoco lo consiguen, tal vez sea porque no las has considerado detenidamente. «Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla?»3

Concentrarse en lo que uno puede controlar

Jesús nos manda: «No se preocupen por el mañana»4. Bastantes cosas tenemos que atender el día de hoy como para andar estresándonos por los asuntos de mañana. Al decir «el mañana» no solo se refiere al futuro, sino a todo aquello sobre lo cual no tenemos control. Si no puedes hacer nada al respecto, confía en que Dios te ayudará a lidiar con ello cuando llegue el momento.

Cuidarse físicamente

A menudo, cuando se empiezan a acumular las cosas el cuidado personal es lo primero que se suspende. Sin embargo, eso es justamente lo que no se debe hacer. Cuando uno se alimenta bien, duerme bien y hace ejercicio, se siente mejor físicamente, lo cual le permite afrontar las dificultades con más confianza y energía. Pablo explica: «¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños. […] Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo»5.

Hacer pausas

En Proverbios 17:22 dice que «gran remedio es el corazón alegre»6. A veces todo lo que necesitamos cuando estamos estresados es un pequeño descanso. Un rato de reposo y relajación nos aclara la mente. Así, cuando retomamos la tarea nos sentimos renovados, más felices y con mayor capacidad de concentración.

Dedicar un rato a Jesús cada día

Jesús dice: «Vengan a Mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y Yo les daré descanso»7.

El rey David, que tuvo que soportar muchísima tensión a lo largo de su vida, nos aconseja: «Encomienda al Señor tus afanes, y Él te sostendrá»8. Pedro también nos exhorta: «Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque Él se interesa por ustedes»9. Conversa con Jesús acerca de tus dificultades y pídele soluciones y consejos. Él nos ha prometido un yugo fácil; de modo que si el tuyo es muy pesado, puede indicarte qué hacer para aligerarlo.

Recuerda que Jesús comprende las presiones a las que estás sometido. «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, […]ha experimentado todas nuestras pruebas»10. Si le presentas a Jesús tus cuitas y preocupaciones, Él te dará la fortaleza para ocuparte de todas tus tareas y obligaciones sin caer en el estrés.

1. Gálatas 6:2 (NVI)
2. V. Mateo 11:28–30
3. Lucas 14:28 (NVI)
4. Mateo 6:34 (NTV)
5. 1 Corintios 6:19,20 (DHH)
6. NVI
7. Mateo 11:28 (NVI)
8. Salmo 55:22 (NVI)
9. 1 Pedro 5:7 (DHH)
10. Hebreos 4:15 (BLPH)
Marie Story

Marie Story

Marie Story —que también firma con el nombre de Marie Péloquin— vive en San Antonio (EE.UU.), donde trabaja como ilustradora independiente. Es consejeravoluntaria en un albergue para los desamparados.

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