Punto de quiebre

Punto de quiebre

Una de las cosas que me dejaron perplejo la primera vez que vi de cerca una refinería de petróleo fue el intrincado y complejo laberinto de tubos. Uno se pregunta cómo hacen para que todo funcione de forma segura y además rentable.

En los tubos se debe mantener la presión exacta para que el petróleo fluya a la velocidad deseada, ni muy despacio, ni tan rápidamente que los haga estallar. Evidentemente los proyectistas de refinerías son unos genios, y se necesita un ejército de especialistas que se encarguen del mantenimiento y verifiquen que esté todo debidamente regulado.

Nuestra vida a veces se asemeja a esa maraña de tubos bajo presión. Amén de nuestro trabajo y de las innumerables tareas que nos ocupan a diario, tenemos un cúmulo de obligaciones para con nuestra familia, amigos y la colectividad, y recibimos un sinfín de pedidos de ayuda para causas sociales. A eso tenemos que sumar los compromisos que hemos asumido espiritualmente en cuanto a nuestra fe, como el de cultivar nuestra relación con el Señor por medio de la oración, la lectura de Su Palabra y el contacto con otros creyentes. A veces las presiones nos parecen insoportables. ¿Cómo hacemos para no reventar?

Una presión dosificada nos hace bien. Evita que caigamos en un letargo físico, mental y espiritual. Por otra parte, demasiada presión puede conducir a una debacle. Por eso necesitamos una válvula de presión, de alivio. Jesús nos ofrece precisamente eso.

«Vengan a Mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas —dice—, y Yo les daré descanso». Utilizando un lenguaje con el que podían identificarse Sus seguidores de hace 2.000 años, comparó la presión de los quehaceres y dificultades de cada día con los fardos y bultos que acarrea una bestia de carga. «Pónganse Mi yugo. Déjenme enseñarles, porque Yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues Mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana»1. Si nuestro yugo nos resulta muy pesado quizá sea porque nosotros mismos nos hemos labrado uno mucho más pesado que el que Dios quiere que llevemos.

Gran parte de la labor de un ingeniero consiste en calcular la tensión que es capaz de soportar la estructura que diseña, trátese de un puente, de un ascensor o de una nave. Por eso se ven letreros en los ascensores y en las naves que indican cuántas personas pueden transportar sin exceder su capacidad e incurrir en peligro. Si se supera ese límite, el puente puede derrumbarse, el barco hundirse o el ascensor desplomarse.

Nosotros también tenemos que conocer bien nuestros límites, y no excedernos. Cuando nos veamos sobrepasados por los acontecimientos, podemos recurrir a Jesús y dejar que Él nos regule la presión. Él sabe en qué medida nos hace bien y cuánta podemos soportar.

1. Mateo 11:28–30 (NTV)

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Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

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