Renovación

Refugio en el bosque

El invierno pasado hice una gira de más de un mes de duración con el objetivo de recaudar fondos para un programa de ayuda humanitaria. Era un plan algo ambicioso, quizá demasiado. Cinco semanas de largas e intensas jornadas de trabajo terminaron desgastándome anímica y espiritualmente.

Un día, mientras caminaba a la hora del almuerzo por el inmenso centro comercial donde estaba encargado de un puesto de colectas, el incesante bombardeo de imágenes y sonidos y el ambiente altamente mercantilista del lugar empezaron a abrumarme. Además, siendo como soy amante de la naturaleza, otro factor que me hacía sentirme como atrapado eran las temperaturas bajo cero y las tormentas de nieve que me obligaban a pasar todo el día en lugares cerrados, incluso después de terminada la jornada laboral.

Yo volveré a la montaña

El auto no paraba de serpentear cuesta arriba, y yo, impaciente, me preguntaba si nuestro amigo no habría construido su casa en la cima misma de la montaña. Iba con mi hermana y dos amigos, y llegamos a nuestro destino ya bajo el manto de la noche. Sin embargo, hasta en la oscuridad la montaña parecía tener vida.

Nuestro anfitrión nos condujo al balcón por unos escalones oscuros e inestables. La vista nos dejó boquiabiertos. Abajo, a lo lejos, se divisaba, hermosísima, la ciudad de Iskenderun (Turquía). Luces centelleantes de todos los colores bordeaban el mar Mediterráneo, como si un ángel hubiese tomado un puñado de estrellas y las hubiese esparcido en la noche.

Plan de paz

Decálogo de la serenidad

Uno de los «frutos del Espíritu» (Gálatas 5:22,23) es la paz, bendición que la Biblia promete a quienes se esfuerzan por vivir cerca de Dios. El término hebreo traducido como paz en el Antiguo Testamento tenía el significado de plenitud, solidez y bienestar integral. En el Nuevo Testamento, la palabra denota serenidad, una combinación de esperanza, confianza y sosiego mental y espiritual (Nelson’s Bible Dictionary, 1986). En los tiempos que corren, una paz así puede ser esquiva. No existe una fórmula mágica para alcanzar la paz interior, pero hay ciertas cosas que podemos hacer para cultivarla.

Son olas

Una mañana en que me encontraba muy alterada revisé mi correo electrónico y vi que un amigo me había enviado un videoclip. Resultó ser una sucesión de escenas de playas con una suave música instrumental de fondo. Las olas que bañaban la orilla me recordaron la apacible belleza de la creación de Dios, y al verlas y oírlas deslizarse suavemente sobre la arena una y otra vez, mi espíritu se serenó.

En las malas, alas

En la Capilla Wesley, monumento histórico de Londres, hay un hermoso vitral que lleva la siguiente inscripción: «Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará Tu mano y me asirá Tu diestra»(Salmo 139:9,10).

El hombre siempre ha soñado con tener alas, una forma de elevarse por encima de la tierra y sus pesares. Parece ser algo innato en los seres humanos eso de sentirnos confinados y descontentos en nuestro entorno. Nos convencemos de que más allá detrás de ese cerro o cruzando tal charco— todo será más fácil, más auspicioso, y seremos más libres.

Punto de quiebre

La fecha de entrega de mi artículo se me venía encima, y apenas había escrito la mitad. Había trabajado a un ritmo frenético, pero mentalmente estaba muy estresada para pensar con claridad. Tenía los ojos tan cansados que no lograba enfocar el texto en la pantalla, y la espalda rígida de haber estado tanto tiempo sentada frente al teclado. Finalmente me aparté del escritorio atestado de libros y papeles y me tomé un momento de descanso junto a una ventana. 

Cómo escapar de la vorágine

Te tengo un acertijo. Dime algo que ahora mismo puede suponer un pequeño esfuerzo, pero a la larga te ahorrará mucho trabajo. Te daré unas pistas. Se menciona repetidamente en la Biblia, y nadie que haya logrado grandes cosas para Dios ha prescindido de ello. Aunque se trata de un concepto capaz de transformar nuestra vida, es difícil de entender porque se opone a nuestra forma natural de pensar.

Mi salón de belleza

Hace poco tomé conciencia de que me daba a mí misma licencia para quejarme cuando me ocurrían ciertas cosas. En general eran cuestiones triviales, como tener que recoger un cuarto cuando estaba cansada, o que mi marido llegara tarde, incidentes que habría podido superar fácilmente de no haber decidido de antemano que tenía derecho a ponerme cascarrabias en esas circunstancias. Jesús dice: «Bástate mi gracia; porque Mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).

<Page 3 of 4>
Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.