El secreto

El secreto

¡Cuán divinamente dulce es acudir al lugar secreto de Su presencia y permanecer en Sus atrios! 
David Brainerd (1718–1747), misionero que evangelizó a los pueblos originarios de los Estados Unidos

*

Guarda silencio ante el Señor, y espera en Él. 
Salmo 37:7

*

¿Qué debe hacer el creyente en tiempos lúgubres? Guardar silencio y escuchar. Depositar su confianza en el nombre del Señor, apoyarse en su Dios. Quedarse quieto, como dice el versículo, quedarse quieto y escuchar. Lo primero que conviene hacer es —valga la paradoja— no hacer nada, quedarse quieto. Aunque vaya a contrapelo de la naturaleza humana, es lo más atinado. Un viejo adagio reza: «Cuando estés nervioso, no te apures». Dicho de otro modo, cuando no estés seguro de lo que debes hacer, no reacciones apresuradamente, a tientas y a ciegas, esperando que se dé lo mejor.

Quédate quieto y verás lo que hará Dios. Cuando nos serenamos y confiamos en Él, le damos oportunidad de obrar. Con frecuencia al preocuparnos le impedimos hacer todo lo que podría hacer. Si estamos distraídos y tenemos el espíritu turbado, no le dejamos hacer mucho por nosotros. La paz de Dios debe tranquilizarnos y dar reposo a nuestra alma.

Pon tu mano en la Suya y déjate llevar por Él hacia el radiante sol de Su amor. Busca la quietud. Deja que Él intervenga en tu favor. «Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios […]. Y la paz de Dios […] guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos»1
Virginia Brandt Berg (1886–1968), evangelizadora estadounidense

*

Cierta vez, mi hijo pequeño asomó su cabecita por la puerta de mi estudio. Sabía que no debía interrumpirme en horas de trabajo. Y justamente por eso, no venía con la conciencia tranquila. Sin embargo, me miró tiernamente con sus ojazos redondos y dijo:

—Papi, si me das permiso para quedarme aquí contigo, prometo sentarme quietecito todo el tiempo.

Creo que cualquiera que tenga corazón de padre entenderá por qué le di permiso para quedarse.

Esa breve experiencia me dio mucho que pensar. ¿Acaso no es así como tantas veces nos sentimos con relación a nuestro Padre celestial? ¡Cómo nos gusta estar con Él, simplemente estar en Su presencia! Es más, ¡nunca lo molestamos, sin importar cuándo ni con cuánta frecuencia nos aparezcamos ante Él! 
Ole Hallesby (1879–1961), profesor cristiano noruego

*

Dios no se queda mirándome de lejos cuando me ve esforzándome por comunicarme. Él se interesa por mí, por lo que me escucha con atención. Traduce mis torpes palabras y entiende lo que le quiero decir. Interpreta mis suspiros y mis vacilaciones como si se tratara de la más fina prosa. 
Timothy Jones

*

Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 
Éxodo 33:14

*

Entrégale tus cargas al Señor, y Él cuidará de ti. 
Salmo 55:22 (NTV)

*

Donde está la paz, Dios está. 
Refrán español

*

Guarda silencio, pobre corazón convulsionado,
que la paz es señal clara de que Dios nos sonríe.
Su amor enmienda todo error, calma todo altercado.
Ama y vuelve a amar, siempre con espíritu apacible.
Edith Linn Forbes (1865–1945)

*

Cuando el hombre abre sus espacios interiores a Dios, en la fe y en la oración; cuando siente que sus soledades interiores quedan inundadas por la presencia divina; cuando percibe que su desvalimiento e indigencia radicales quedan contrarrestados por el poder y la riqueza de Dios; cuando el hombre experimenta vivamente que ese Señor, que llena y da solidez, además de todopoderoso, es también todo cariñoso; que Dios es su Dios, el Señor es su Padre; y que su Padre lo ama, y lo envuelve, y lo compenetra, y lo acompaña; y que es su fortaleza, su seguridad, su certidumbre y su liberación… entonces, díganme, ¿miedo a qué? 
Ignacio Larrañaga

*

Brava la mar,
mas la fe ilesa.
Rafael Alberti

*

No es el estrés lo que nos mata; es nuestra reacción ante él. 
Hans Selye (1907–1982), endocrinólogo austrohúngaro naturalizado canadiense, considerado el padre de la investigación sobre el estrés

*

No hay mejor lugar para renovarse mentalmente que el aposento de la oración, a solas con Dios. Cuando nos apartamos de las cosas temporales que nos distraen y nos hostigan, y allí —en la presencia de Dios— fijamos la mente en las cosas de Él, Su poder transformador comienza a obrar en nosotros. Entonces cambiamos y nos renovamos. 
Virginia Brandt Berg

1. Filipenses 4:6,7 (RVR 95)

Podcast

Más en esta categoría: « Un día perfecto La ventana abierta »
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.